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Opinión

Nostalgia

Conducía camino de la primera cita semanal con la piscina, a por esos 100 largos que hace unos meses me aseguraba inalcanzables. En la radio presentaban un libro, pero esto es lo de menos. Lo de más, en mi singularidad, era el tema que abordaban. La nostalgia. Preguntaba el conductor del programa por la utilidad de la misma. La respuesta del entrevistado fue que ninguna.

Supongo que alguna utilidad tendrá, como cualquier emoción, sensación, recuerdo o piedra del camino. Todo sirve para algo, aunque solo sea para no quererlo o deshacernos de ello. La visita de la nostalgia me encanta, lo reconozco. Me lleva a las ganas de recogerse del otoño y a las de no salir del invierno. Las de quedarte, las de no irte. Ojo, sin quitarme las contrarias. Creo que solo es buena cuando se tiene como despensa, nunca como hogar.

Habitar la nostalgia constantemente produce una sensible tortícolis (qué palabra ésta). Dolores cervicales y de cuello de tanto mirar atrás. Ceguera a lo que tienes justo delante.

Mis nostalgias (ajenas) favoritas son las de los perfiles de redes sociales y las de las playas. Estas últimas son brutales y alimenticias. La arena que separa el agua del cemento es un lugar mágico, eso es seguro. Estar en la toalla mirando los azules y los brillos del agua es algo parecido a un trance. Mirar a los paseantes que buscan el sol para su piel y el agua y la sal para sus plantes es de las escenas más entretenidas que uno pueda contemplar.

Esos lentos pasos, aceptando el ir y venir del agua que tan pronto te abandona como te asusta la rodilla. Ese también lento mirar al horizonte lleno de nada o al paso que están a punto de dar… Si prestas un poco de atención verás el mecanismo de sus cerebros trabajando con diligente precisión. Justo cuando el soporte físico más calmado se halla.

Veo reflexión, y me gusta. Lo aplaudo.

Las primeras, y es opinión, brutales y tóxicas. Las dejo para el final por desordenar. ¿Qué puede hacer que decidamos poner en tu foto de perfil una que te tomaron el día de la comunión o en aquella velada de 1994, o la de hace 6 veranos? ¿La nostalgia o que no nos gusta lo que vemos o somos ahora?

La nostalgia es una mezcla de tristeza y placer que otorgamos a ayeres pasados que consideramos felices. Se dice también que es el anhelo por un momento imposible, porque aquello ya pasó y seguramente se celebró como se merecía. Honor, nunca pena. Placer de los que no deja resaca mala.

Que la nostalgia toque nuestra puerta es precioso, pero que deje su opioso disfraz a la puerta y entre desnuda en forma de recuerdo. Si no se acepta así, que busque otro timbre, por tramposa. Por parcial. Por poner voz sedosa a las noches de los sábados y nada decir de las mañanas de los domingos.

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