- Aceptación: Lo primero de todo es aceptar que se van a dar. Pensamos constantemente y eso no lo podemos controlar, pero sí podemos dirigir nuestra atención. Sí podemos decidir si invierto una hora en darle vueltas a lo mismo o paso a otra cosa. Por lo tanto, no agobiarnos cuando aparezcan de manera automática, porque es completamente normal y esperable que ocurra.
- Entrenar nuestra atención: este tipo de pensamientos en bucle suelen despuntar en estados de impulsividad y donde prima lo emocional ante lo racional. Es decir, es mucho más probable que aumenten en estados de estrés, ansiedad, depresión…en los cuáles nuestras facultades cognitivas se ven mermadas. Por ello, debemos tener un entrenamiento tanto en identificar esas situaciones de estrés y saber que se van a dar con mayor virulencia, como en nuestra atención, es decir, saber dirigir nuestra atención hacia donde yo lo desee y no dejarla en modo automático. Para ello es indispensable un buen trabajo en meditación y por ende en la concentración.
- Escritura: el poder de la escritura es enorme. No es lo mismo tener un ovillo de pensamientos, que darle un proceso a mayores, como es la externalización mediante la verbalización o escritura. Eso requiere organizar los pensamientos para plasmarlos, y ese simple hecho, produce una sensación de alivio. Organizar nuestros pensamientos, llevar un diario, hace que podamos relativizar, externalizar e incluso zanjar algunos temas.
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