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Opinión

A Santiago…

Líbreme Dios de criticar a ningún turista que haga de cualquier modo el camino de Santiago. Mis respetos. Bien se yo –caminante y viajero- que viajar es uno de los sentidos de la vida y que te puede ayudar mucho a tu crecimiento personal, sobre todo si aciertas con aquellos que te acompañen en la ruta.

Solo quiero dirigirme a los peregrinos que hacen el camino sabiendo cómo y a dónde se encaminan: desde qué actitudes y valores programan esta marcha que ya fue proyectada por el sacerdote francés Aymeric Picaud en el siglo XII al legarnos la primera y más famosa guía de peregrinación a Compostela, su famoso “Codex Calixtinus”.

Pues bien, en esta guía se indica ya claramente que se trata de un camino penitencial (en reparación de los pecados cometidos) y un camino espiritual desde la fe cristiana para la renovación interior y profunda de los caminantes. Una ruta para volver a las fuentes de la vida cristiana y pedir al final la ayuda y la fuerza del Apóstol para cambiar las actitudes vitales y regresar a sus lugares de origen con el compromiso de vivir de otro modo convertidos y evangelizados por Jesucristo. El encuentro con El y su evangelio, el cambio personal, la renovación espiritual y bautismal es lo que va marcando las etapas y encuentros de esta peregrinación.

El camino de Santiago conlleva momentos y tiempos de escucha de la Palabra, de oración contemplativa, de silencios interiores, de celebraciones cristianas en común en las acogedoras iglesias y monasterios que se van encontrando, de participación en alguna que otra eucaristía, de exámenes profundos de vida y de conciencia, de confesión celebrando el perdón con los hermanos caminantes, de esfuerzo y sacrificio durante la marcha, de ayuno e incomodidades en el día a día, de abrir nuestros corazones al Misterio de Dios que va andando con nosotros…

Me pregunto cuántos de los que hacen el camino (a pie, en bici, en coche, a caballo, por agencias que les preparan buenos hoteles y hasta les llevan las mochilas…) descubren estas vivencias interiores que conlleva esta marcha. Reconozcamos que está muy deteriorada la esencia de este caminar a Santiago. Ya no es lo que era. Se ha convertido en una ruta turística muy potenciada por las autoridades y los políticos de turno en la que ya cabe de todo: lujos, restaurantes, albergues con yacusis, menús muy elaborados y reservados, pensando sobre todo en los beneficios económicos. Ya da igual ir a Santiago que a Benidorm o a Formentera. Desnortados y perdidos he visto a muchos caminantes llegar exhaustos al Obradoiro, hacerse la foto ante la catedral, gritar por llegar a la meta…pero ni siquiera entrar después a dar un abrazo simbólico a la imagen del Apóstol.

Pura ruta turística, cada vez más cómoda y abastecida. Puro ejercicio de caminar para perder peso y gorduras. Días de asueto y libertad para pasárselo muy bien en los albergues. Y he comprobado también que cada vez son menos los que se interesan por los aspectos culturales, históricos y artísticos del Camino. Ni siquiera el contacto con la naturaleza y con los maravillosos paisajes que se recorren atraen la atención de los caminantes.

Según encuestas realizadas a los que finalizan la ruta hasta Santiago, solo el diez por ciento de los caminantes tienen una motivación religiosa o espiritual para hacer esta ruta. Muy pocas personas han vivido los ritos religiosos que están marcados en diferentes momentos del caminar.

Pocos caminantes llegan a la esencia de este Camino. Pronto olvidarán estos días y no habrá cambiado nada de sus personas.

Es un signo más de inconsciencia e inmadurez de nuestro tiempo.

¡Menos mal que el Apóstol bendice a todos por igual…!

Una estatua dedicada al peregrino en el Camino de Santiago. Fotografía. Moncho Campos

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