Opinión

Pueblo de Pascua

El tiempo de pascua “cincuentena pascual” es el tiempo fuerte del año litúrgico. Los cristianos lo vivimos con intensidad, con más plenitud y atención que en el adviento o la cuaresma, días de resurrección entre la Pascua y Pentecostés. Celebrar el año cristiano es intensificar la fe comunitaria y la esperanza en estas semanas de anuncio de alegría y liberación.

El tiempo de Pascua fue el primero que celebró aquella inicial comunidad de apóstoles y discípulos, antes que la cuaresma o el recuerdo de la pasión. Quién en estos días no expresaba su gozo era considerado como extranjero y ajeno a la fe en Jesús. Se le veía como a alguien que no había captado el evangelio y los valores del Reinado que había predicado el Cristo.

Es que la fiesta de este tiempo de Pascua es una invitación a la alegría, porque con la resurrección de Jesús la realidad del Reinado de Dios llegaba a su plenitud. El canto del aleluya en la comunidad de discípulos es la seguridad en que a pesar de lo negativo de la existencia triunfará siempre el bien y la bondad y por ello con esta confianza alabamos a la divinidad.

Todos los cristianos estamos pues invitados a la alegría y el gozo auténticos, los que nos trae Jesús Resucitado. En nuestra participación activa y gozosa, fiel y confiada, vivimos plenamente la Pascua de Cristo, que es también nuestra Pascua. Los seguidores de Jesús somos el pueblo de la Pascua.

Aquella primitiva comunidad, con María de Nazaret y las otras mujeres, lo pasó mal un par de tardes, horas de llanto, de nostalgia, de fracaso y dolor… pero fue muy poco tiempo, enseguida empezaron a experimentar los encuentros con el Resucitado y con ellos la verdadera alegría y confianza que les llevó a formar comunidades y al compromiso de predicar lo que habían vivido con el Señor.

Hasta varios siglos después no apareció el símbolo de la cruz y el rastro del Crucificado… todo era vida y triunfo pascual. Nuestras Semanas Santas se centran en las cruces, en escenas de la Pasión, en la sangre y el dolor, en el crucificado fracasado y muerto. Unos días intensos de procesiones teatralizadas y adornadas de flores y al ritmo de excelentes orquestas.

Pero pasado el domingo -con muy pocas imágenes del Resucitado- se vuelve a caer en la rutina y monotonía del culto religioso devocional sin grandes vivencias pascuales. Estos días de Pasión llenan nuestros hoteles, apartamentos turísticos y terrazas… pero por desgracia la Pascua no mueve a los ayuntamientos ni al turismo. La Pascua no coloca sillas en las calles ni despierta emociones y lágrimas.

Y lo más grave aún: ¿Cuántos bautizados creen en la resurrección de los muertos…? ¿Cuántos de nuestros cofrades esperan en otra trascendente vida después de morir? ¿Cuántos de los que contemplan el transitar de los pasos-tronos llevan luego una vida coherente y comprometida con los valores del Resucitado…?

No soy yo quién para juzgar a nadie. Solo me hago preguntas para mí mismo. Y una reflexión: ¿No dependerá de la vivencia y de la fe en la Pascua el futuro de las religiones y de las iglesias…? ¿Vamos a seguir potenciando el dolor y la muerte en lugar de apostar por la vivencia pascual…?

¿Vamos a seguir contemplando la cruz y al crucificado sin dar el paso a vivir a Jesús Resucitado en nuestro mundo de hoy…?

¿Se nos notará en la cara y en nuestra conducta la risa, la alegría y la felicidad que da sabernos salvados…?

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