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Opinión

Una rosa entre espinas

Hace unos días, la directora de este periódico me lanzó un reto. Un reto que yo recogí con mucho gusto. Vivir la experiencia de Ruedas contra el Bullying y hacer esta columna desde el corazón y no desde la cabeza, como puedo escribir otras columnas.

Un reto difícil, para quien aprendió a camuflar sus propios sentimientos, a sonreír cuando llora por dentro y a que no se sepa que pasa por su cabeza cuando se hace el silencio.

Una coraza para quien vive con dolor y trata a diario de que no le duela lo que vive día a día aunque pocas veces lo consiga, porque aprendió que la empatía es parte de su personalidad.

He vivido deprisa y ello me ha dejado experiencias de todo tipo. Todas ellas me dejaron marca, algunas cicatrices y otras pasaron sin pena ni gloria, pero no creo que pueda olvidar tan fácilmente la ilusión, el compañerismo, la sorpresa, el cariño, la unión, la amistad, la sensación del trabajo bien hecho y la felicidad por ser humana y sentir lo que nunca sentirán otros y otras

Rozar la felicidad a veces es algo que mucha gente se niega y que, en algún momento, con pequeñas cosas se puede hacer. No sé cómo se mide la felicidad, tampoco sé el grado máximo, ni el mínimo que comprende esa felicidad, pero a una persona que le gusta abrazar, besar, rodear cinturas o poner la mano en el hombro de los demás, no le hace falta demasiadas cosas para ser feliz.

Sacar a la calle una concentración por esta causa con la inestimable ayuda de todos y cada uno de mis compañeros, colaboradores, instituciones, amigos que nos acompañan en esta lucha, personas a las que un día se les ayudo y quisieron estar allí y la respuesta de quienes hicieron un esfuerzo importante para acompañarnos y hacer de nuestra causa la suya, supone una gran sensación de felicidad y emotividad, más si cabe, cuando la ilusión por echarla a rodar, después de una pandemia era algo que nos limitaba bastante, pero lo que se hace con cariño siempre sale bien y aquí cariño sobra.

Una lección importante, la que la sociedad dio el pasado domingo, haciendo ruido contra el bullying, en cada uno de los rincones por los que paso la concentración. Ruido también el que desde los medios de comunicación se hizo, pero el mayor de los ruidos lo hicieron los que la ley del silencio, las malas praxis desde centros educativos e inspecciones y la mala gente que tuvieron la desdicha de cruzarse en el pupitre de al lado, los hizo resurgir como una rosa entre espinas para estar allí.

Lecciones de vida en cada uno y en todos ellos y ellas.

Se hizo ruido y se seguirá haciendo porque es difícil callar a quien no quiere hacerlo y no solo gritamos nosotros, la sociedad que hasta ahora ha callado empieza a despertar,  empieza a ver que no se puede seguir así, que no se puede mercadear con el dolor de los demás y que no se puede seguir ocultando lo que es negado una y otra vez. No sigan por ese camino, ya no lo creemos, ni nos van a callar.

Desde el corazón … Gracias.

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