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Opinión

Emergencia energética: Carbayo en Las Batuecas

A nadie se le escapa que vivimos una situación de verdadera emergencia energética a corto plazo provocada por la guerra en Europa y un colapso climático, en el medio plazo, cuyos brutales impactos ya no son cuestión de opinión, de ciencia o de ideología, si no una experiencia comprobable. Sirva como ejemplo que en Gran Bretaña se han derretido literalmente algunas carreteras.

Siempre hay, claro está, un minuto de gloria para ignorantes como un diputado de la derecha cerril que en una comisión parlamentaria dijo que la subida de temperatura media del planeta es bueno porque así se muere menos gente de frio.

Un país como Alemania se está preparando para cortes reales de suministro de gas, o de electricidad, provocados por la dramática dependencia del gas ruso para su economía productiva y el bienestar de sus ciudadanos. Industrias como la BASF estima en varios miles los trabajadores que se pueden quedar sin empleo este invierno por falta de energía.

Cientos de ellos potenciales clientes turísticos de la Salamanca de Carbayo. Aunque se trata de episodios dramáticos denunciados, sin mucho éxito, por ecologistas y científicos desde hace más de cuatro décadas, las sucesivas conferencias internacionales sobre el clima y la energía se cerraron absolutos fracasos en sus resoluciones y ni siquiera fueron puestas en prácticas las tímidas medidas adoptadas.

El gobierno de este país, impelido por la situación y las exigencias de la UE se ha visto obligado a tomar medidas de emergencia, más bien insuficientes y efectistas que eficaces. Pero al cabo, mejor actuar algo que no hacer nada. Se basan no en restricciones de servicios, si no simplemente en reducir el despilfarro de una sociedad que vive como si no hubiera un mañana.

Y es aquí donde toma protagonismo la estupidez humana, que en algunos lugares campa por mayoría absoluta. El primer edil de Salamanca, sumiso a las consignas emanadas del corpulento asesor de la infantilizada dirigente de Madrid, contraviniendo incluso declaraciones del propio Feijóo que hace tiempo venía defendiendo medidas de ahorro para evitar futuras restricciones, ha salido a la palestra defendiendo a quienes exigen el derecho a enfriar la calle con el aire acondicionado de las tiendas cuyas puertas se mantienen abiertas hasta atrás. Y basa su argumentación en que esa aberración energética es necesaria para que la gente siga consumiendo.

Del mismo modo exige el derecho a seguir derrochando energía, en unos momentos en los que corremos el riesgo de apagones y cortes de luz en pleno invierno, manteniendo a tope la iluminación de los monumentos de la ciudad.

Las medidas que ha aprobado el gobierno de este país, son pura operación de imagen, a todas luces (nunca mejor dicho) claramente insuficientes para paliar las penurias energéticas y climáticas que se nos vienen encima en pocos meses. Entre el plan de la hormiga o la cigarra, el Ayuntamiento de Salamanca se ha decantado por la que pasa el día chicharrando todo el verano. Mientras tanto la ciudad presume de condecoraciones y medallitas a la sostenibilidad de cara a la galería en un alarde de obscenidad y de cinismo.

“Ya si eso luego ahorramos, ya y tal, si es el caso, más adelante”. Verdaderamente la idiotez nos lleva derechos a la extinción.

En estas partes seguimos sin enterarnos, haciendo bueno el dicho de que cuando nosotros vamos, otros vuelven.

Ángel Sánchez Corral.
Comité Antinuclear y Ecologista de Salamanca.

 

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2 comentarios

  1. Carbayo no puede ser más cateto e incongruente. Solo hace falta mirar a lo que están haciendo en Berlín, Viena, París, Hannover, todas muy turísticas y con planes mucho más drásticos para ahorrar energía: cierre del comercio anticipado en algunas, apagón en algunas calles, cierre de piscinas, monumentos apagados…. Son ciudades en las que en muchos aspectos nos podrían servir de modelo por los cambios que están introduciendo en adaptación al calentamiento global, en urbanismo, en movilidad. Como sigamos así el batacazo que nos vamos a llevar será descomunal.

  2. Siempre España a la cola de la tendencia en Europa. Cuando en otras naciones de el viejo continente ya han acometido medidas como la que se viene comentado esta semana en la prensa, el alcalde de nuestra ciudad se niega a ir en el grupo de ciudades europeas en las que ya está asentada y con resultados positivos estas posturas. Aquí, ya no se trata de política, consiste en mirar por el bien del planeta y por las futuras generaciones venideras que el panorama que se les va a dejar, de seguir así, no es para nada alentador. Es una pena que una ciudad como Salamanca, con tanta solera, a nivel internacional, como tiene, y conocida por su Universidad y su hermoso casco histórico , no vaya a situarse a la altura de la vanguardia en relación a las medidas lógicas que se están instaurando paulatinamente para revertir la situación actual que tenemos en nuestro querido planeta.

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