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Opinión

Los secretos de la flauta y el tamboril

Tamboriles, flautas y castañuelas con ritmos de la tierra acompañan la menuda imagen dorada de Santa María de la Vega, son las siete de la tarde del siete de septiembre, fecha previa a la festividad de la patrona de Salamanca y corresponde su traslado desde la iglesia del Arrabal hasta la Catedral, cruzando el río Tormes sobre el Puente Romano.

Atravesado el río, asciende la comitiva por la calle Tentenecio esquivando la Catedral al embocar la calle Vera Cruz a mano izquierda. Se estira sin prisas este desfile de tradición bailado con charrería en su recorrido por las calles de Libreros, Compañía, Meléndez, Corrillo, Plaza Mayor, Quintana, Rúa Mayor y Plaza de Anaya.

Con este itinerario luce la Patrona el folclore local en el casco histórico, anunciando días de fiesta antes de ser expuesta en el atrio catedralicio, para ser venerada por el pueblo salmantino, arropada en ramos de flores escogidos para la ocasión.

Varios años he realizado el reportaje fotográfico de este acto, antesala de las fiestas patronales salmantinas y, aunque podríamos pensar que todos los años es más de lo mismo, a través de la fotografía observo que realmente no es así, cada año tiene sus particularidades, sus momentos exclusivos.

Como vemos en la primera fotografía de este articulo realizada en 2014, adivinamos en las sombras de la barandilla del puente un grupo de tamborileros encabezado por un zagal, absorto en su silueta como si estuviera descubriendo un mundo mágico, que imita sus movimientos enseñándole los secretos de la flauta y el tamboril.

En años posteriores acudí en varias ocasiones a fotografiar esta procesión. La última vez el pasado siete de septiembre: una agradable tarde de verano, aunque nublada estuvo animada por el personal que abarroto las aceras a la espera del paso de la patrona salmantina, había ganas de fiesta, de ferias y de procesión.

Esperando en mitad del puente el encuentro con la imagen, observo que abre el desfile un grupo de tamborileros con tres mozos en cabeza y pienso que alguno de estos tres chiquillos podría ser el zagal que ocho años atrás aprendía el oficio en compañía de su amigo imaginario.

El Blog de Pablo de la Peña, aquí.

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