Jesús Málaga

Las imprudencias se pagan

En otra comida pasó algo parecido. Diríase que no escarmentaba. Era también invierno y nos ofrecieron una ensalada de pamplina traída del afamado restaurante salmantino Río de la Plata, en el que solían comer con frecuencia los duques. Era una maruja temprana, de arroyo de agua corriente y limpia, que estaba exquisita. Terminamos el plato de carne y Cayetana llamó con una campanilla al camarero, que nos ofertó nuevamente la carne. Rechacé repetir, pero le dije que tomaría un poco más de la ensalada de pamplina. El camarero se ausentó para ir a buscarla a la cocina y volvió pálido:

– ¡Señora duquesa, no queda maruja!

Cayetana se enfadó:

-¡Cómo que no queda maruja si han traído mucha más de la servida!

-Sí, señora marquesa, pero se la han tomado en la cocina.

Nuevamente disculpas por mi parte y miradas de reprobación de María José que no podía darme patadas por debajo de la mesa porque era muy larga y no llegaba.

Durante algunos años, muchos fines de semana nos juntábamos a comer en el Cuzco, restaurante que daba a la plaza de las Agustinas y que por tenerlo a mano era uno de los más frecuentados por los duques. Más de una vez Cayetana venía desde Sevilla y Jesús desde Madrid, juntándose a comer con nosotros, para volver cada uno a su lugar de origen una vez pasado el fin de semana.

Las comidas en los restaurantes eran todo un poema. Los que entraban mostraban su sorpresa por coincidir con los duques de Alba y en más de una ocasión solicitaban un autógrafo o pedían permiso para sacarse una fotografía con Cayetana, solicitud que nunca quedaba defraudada.

A la duquesa, como a la mayoría de los españoles, le gustaba mucho la comida aderezada con ajos fritos. La fritura debía hacerse de una manera especial, de no ser así se trasladaba a la cocina del restaurante para asesorar a los cocineros de cómo debían freírle los ajos que, después, eran servidos en platos generosos. En una ocasión, en el Cuzco, ante la tardanza en llegar la ración de ajos fritos, la duquesa se levantó y fue a buscarlos a la cocina.

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