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Opinión

La sensibilidad de las banderas

El conflicto de Catalunya nos tiene cansados y agotados a la mayoría de españoles, aunque seamos conscientes de la gravedad de la situación que se ha generado y de sus consecuencias. Pero me resulta doloroso e inaceptable que se estén ocultando problemas más importantes y profundos que viven muchos ciudadanos, incluso en la propia Catalunya, donde más de un millón y medio de personas viven en situación de riesgo de pobreza, y una de cada siete personas que trabajan no ganan lo suficiente para asegurarse vivir por encima del umbral de la pobreza.

No entiendo a una sociedad que prioriza los nacionalismos ante problemas tan graves  como el paro, la sanidad, la educación, las pensiones o la corrupción de nuestros políticos. Como persona de izquierdas no me identifico con ningún nacionalismo, sobre todo los excluyentes y más allá del respeto a la diversidad de pensamientos, siempre que se produzcan en el marco de la tolerancia, las normas y la democracia.

Vaya por delante decir que me siento orgullosa de ser española y de la bandera constitucional, pero me indigna que algunos nacionalismos, catalanes y españoles, siniestros y erráticos manipulen el patriotismo y la historia utilizando banderas para justificar radicalidades excluyentes  que están quebrando la sociedad catalana y que puede contagiar al resto del país. En este conflicto se están utilizando inadecuadamente símbolos y banderas de todos para la confrontación entre españoles de diferentes territorios con exaltaciones patrióticas de un lado y otro intentando justificar su legitimidad.

El rechazo de la bandera constitucional española por parte de la izquierda no es complejo como nos reprocha la derecha, más bien todo lo contrario es respeto, el que no ha tenido la derecha usándola para uso propio especialmente en sus movilizaciones contra el matrimonio gay o el aborto, o esos políticos corruptos que se erigieron defensores del honor y la patria. Por lo tanto, una gran parte de la derecha no tiene ninguna legitimidad moral para darnos lecciones a la izquierda de patriotismo.

La utilización de todas las banderas de forma excluyente es de un nacionalismo rancio y miope y no entender la diversidad de la sociedad española capaz de comunicarse en diferentes lenguas, que es pluricultural, y democrática.

Desgraciadamente, en la actualidad no tenemos una bandera que una a todos los españoles, sobre todo cuando se usa en política, curiosamente al contrario de lo que ocurre en eventos deportivos donde se despierta más el sentimiento de pertenencia. Debería de regularse su uso para que llegue a ser la bandera de todos.

Mientras se reposan sentimientos me quedo con la bandera de la honradez y la que se identifica con los verdaderos problemas que afectan a los seres humanos.

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