Cultura

«No somos un país que controle sus pasiones»

 

La escritora de Pameras en la Nieve, Luz Gabás, es como sus novelas: llena de matices. Conversar con ella es como abrir una ventana en una casa de los Pirineos, un chorro de aire fresco

Luz Gabás estará el sábado, 4, en la librería Santos Ochoa presentando su último libro, Como fuego en el hielo

 

¿Qué tiene el agua de Monzón que hace que las mujeres sean triunfadoras?
(Risas) ¿Lo dices por Conchita Martínez?

¡Claro!
Dicen que no es el agua, sino el influjo del castillo templario precioso, por eso hay tantos atletas y personas importantes en Monzón.

Los tienen protegidos.
Sí, eso debe ser.

Como bilingüe y política que es usted. ¿Qué opina de que nuestros políticos, salvo excepciones no dominen el inglés?
Es consecuencia de un sistema educativo que ha fallado en la enseñanza de lenguas extranjeras. Hay un hecho fundamental, como es que en los países del norte de Europa han visto las películas sin doblar, la mayoría hablan inglés. Esto hubiera sido una forma de empezar y habría ayudado muchísimo.

No hace falta ir tan lejos, en Portugal casi todo el mundo habla inglés por esa razón.
A nuestros hijos no les pasará, porque solo con el bagaje audiovisual que tienen encima, eso ya lo llevan ganado.

Volvamos a sus libros. Palmeras en la Nieve, Como fuego en el hielo… Por curiosidad. ¿Qué relación mantiene con el frío?
Es una relación de amor/odio. Nací en Monzón, pero mi familia y yo vivimos en el Pirineo, que está a 100 kilómetros de Monzón. Hablamos de alta montaña y allí siempre hace frío, pero es que para tener un paisaje hermoso, necesitas ese clima y así disfrutar de esos torrentes de agua, de la vegetación exuberante,… Es una relación de amor/odio porque soy friolera, pero no podría vivir en otro sitio.

¿Cuánto de misterioso tienen las tierras fronterizas?
Mucho. En las fronteras siempre hay conflictos, porque hay personas que quieren pasar desapercibidas y otras aprovecharse del hecho de vivir en un lugar fronterizo. Pero, para mí, la frontera es el símbolo del contraste de las identidades. Es curioso que por una línea se planteen los temas de quién soy yo y quién es el otro, cuando en el fondo somos los mismos, porque a ambos lados de la frontera somos los mismos.

Su novela transcurre en la época de las guerras carlistas. ¿Somos un pueblo que necesita de las divisiones para estar entretenido?
(Silencio) Decir eso… yo creo que más que por entretenimiento es por un derroche de pasiones. No somos un país que controle sus pasiones y un exceso de pasión no es conveniente en la política. Ese es el problema. Sería deseable menos pasión en la política.

Attua, el protagonistas de Como fuego en el hielo, hereda el negocio familiar. ¿Cuántos sueños se frustran por vivir los de los progenitores?
Demasiados. Seguimos siendo demasiado exigentes con nuestros hijos a diferencia de otras culturas. Hay que dejar volar más. Creo, por mi edad, que soy de una generación que ha estado muy unida al núcleo familiar. Todo, con moderación, puede ser bueno, pero puede crear unas ataduras demasiado estrictas. En otros países, son más extremados por el otro lado, eso tampoco es deseable.
Viajo y hablo con mucha gente y percibo que ha habido demasiadas cargas emocionales y temas morales por la forma en la que nos han educado y el sentido de la responsabilidad que nos han inculcado.

Su novela transcurre a mediados del siglo XIX cuando nuestro país comienza a recibir turistas. ¿Cuánto le debe la España moderna a los viajeros extranjeros?
Aquí hay una cosa muy curiosa, es cómo nos veían ellos a nosotros, que no corresponde para nada de cómo nos vemos nosotros.

¿Por ejemplo?
Ellos decían que no se podía viajar a España sin haber hecho testamento. Criticaban la comida, los alojamientos infames. Pero, es que hablamos de que los primeros viajeros llegaron a comienzos del siglo XIX. Evidentemente, no nos podemos comparar con ahora, que somos un modelo de gastronomía y del trato al turismo. Véase las cifras que tenemos. Pero, esto es consecuencia de aquellos primeros viajes que decidieron venir a España más negro no lo pudieron pintar. Es cierto que en sus escritos, unas especies de guías turísticas, sí que motivaron a otros a seguir sus pasos. Por lo que fue el comienzo del turismo del cual nos beneficiamos ahora.

Luz Gabás, en su adorada montaña.
Luz Gabás, en su adorada montaña.

Attua es un nombre celta que significa el fuerte, de gran fortaleza. ¿Cuánta energía ha dejado Luz Gabás en este libro?
Mucha, porque es un libro especial, es un homenaje a la montaña con el sentido simbólico, romántico, con lo espiritual. Quería que fuese una novela romántica y conseguir esto es difícil sin caer en lo dramático y realizar unas descripciones acertadas. Y, sobre todo, conseguir, lo que yo quería, una novela coral, y cada uno de los personajes movidos por sus propias pasiones. Esto es complicado. No quería tener solo dos personajes principales, quería que todos tuvieran su peso. De hecho, los lectores me han comentado la importancia de Attua, que es el héroe mártir. Pero hay otros que están gustando mucho y eso me encanta, porque me gustan mucho las novelas corales.

Cristela significa delicadeza, femineidad y que tiene un don para intuir. ¿Qué contrapunto aporta la mujer en la historia?
Son esenciales. Por ejemplo, uno de los personajes de la novela, Aurore, que está inventado, pero es el compendio de muchas mujeres como ella, que teniendo dinero y tiempo, en lugar de estar en su casa de París, se lanzaban a la aventura. Eso me fascina, porque yo no soy así. Las admiro, porque con las incomodidades de entonces, con los caminos, las diligencias, sus baúles,… En el caso de Cristela, que es delicadeza, tiene unos objetivos en la vida, ella quiere salir de la vida de rutina y miseria que se espera en una jovencita de su condición y va mejorando en la vida, con constancia, tenacidad,… y ese es su gran logro, aunque sufre porque no puede conseguir el amor de su vida. Otro ejemplo, la madre del protagonista, se queda viuda, y logra salir adelante como tantas mujeres a las que he conocido. Siguen adelante con una convicción profunda de que la vida es lo que es y hay que seguir. Son mujeres como las que he conocido en mi vida y son necesarias en la novela porque el mundo está lleno de hombres y mujeres, no porque me esfuerce en poner más mujeres.

Hablaba de valores y esfuerzos. ¿Hemos estado viviendo en una sociedad donde no tenían demasiada imporantancia?
Fui educada en esos valores. Ahora, en algunos sectores, nos intentan convencer de que la vida no es así, pero me cuesta entenderlo, porque mi familia ha sido muy trabajadora, en el contexto clásico de trabajar para mejorar. Quizá otras generaciones lo han tenido más fácil o más mascado y a mí me da pena que se pierda el sentido de la responsabilidad, de la palabra. Cuando un hombre o una mujer daba antes su palabra, la daba.

Ahora esa palabra coge en 140 caracteres…
Exacto.

¿Cuánto buscó hasta encontrar los nombres, que ya por sí solos cuentan la personalidad de sus protagonistas?
Tengo listas de nombres y los voy guardando. A veces conozco a un lector en una feria, me dice su nombre y siento como un pálpito. Lo apunto y voy visualizando un personaje que le vaya el nombre o al revés. En el caso de Attúa, buscaba un nombre que me sonara a montaña. No lo tenía, pero cuando conocí a un joven que se llamaba Attua, lo supe. De hecho, cuando lo escribes parece que escribes montaña.



Noticias relacionadas

Deja un comentario

Botón volver arriba