Opinión

Motos en Cabrerizos

 

Hace unos días la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid organizó un merecido homenaje a Antonio Arribas Moreno, fallecido el pasado mes de marzo, fundador del Departamento de Geología de la Universidad de Salamanca en 1968, es decir hace justamente medio siglo.

 

Con tal motivo estuvieron presentes sus hijos Rafael, Isabel y Antonio Arribas Rosado, llegado este último desde Japón.

Al hablar con ellos me han vuelto muchos recuerdos de aquellos momentos que vivimos juntos. Muchos. Muchísimos.

Motocross en Los Caenes, 1974. Mucha gente podía contemplar las carreras desde las laderas. (Foto Rafael Arribas).

No puedo contarlos todos ahora. Ocuparía páginas y más páginas. Mencionaré sólo aquellos en relación con Cabrerizos y con el motocross, actividad deportiva en la que volcó sus ímpetus toda la familia, que considero como mía.

No recuerdo la fecha exacta, que debió ser allá por al comienzo de los años setenta. Un día, Mercedes Rosado, que por entonces era directiva del Club Motociclista Salmantino, me preguntó si conocía algún lugar en que se pudiese practicar motocross, es decir, con relieve en cuesta y con barrancos semiprofundos. Fuimos –creo que también nos acompañó Merceditas Arribas— a la ermita de Nuestra Señora del Viso, en Monterrubio de Armuña, paraje encumbrado desde donde se divisa toda la comarca. Al norte, había unas torrenteras del arroyo Valhondo, que, a lo mejor, podían servir. Pero tenían el inconveniente de que los estratos miocénicos allí son de tipo limo-arcilloso y podían acarrear molestas nubes de polvo.

Descartado aquel lugar, al cabo de algún tiempo me dijeron que se iban a correr unas pruebas en Cabrerizos y allí fui con mis hijos. Era una mañana soleada de domingo, en el barranco inmediatamente al este del pueblo, cercano al cementerio. Parece ser que a algunos cabrericenses no les gustaba que se hiciese aquello allí y mostraron su desacuerdo obstaculizando la carrera con tractores y molestando al público asistente. Hoy toda esa zona está urbanizada.

Motocross en Los Caenes, 1974. Justamente donde está el corredor que va delante se encontró, en 1984, una tortuga fósil. (Foto Rafael Arribas)

Como resultado de aquello se encontró un lugar más hacia el este, en Las Caenes. Consiste en una amplía torrentera cuya cabecera se abre en abanico, con algunas pendientes de hasta 45º. El recorrido motero puede que llegase a ser de 2 o 3 km. Ofrecía, además, mucho sitio para los espectadores y el acceso no era nada complicado. El sitio era muy bueno, del Ayuntamiento, y durante bastantes años se usó para carreras y prácticas motociclistas. Los hijos de Antonio Arribas, Rafael y Antonio, por entonces grandes aficionados y practicantes de este arriesgado deporte,

compitieron allí muchas veces.

Pero el lugar tiene para mí otras resonancias menos ruidosas. Si desde 1967 la búsqueda de puntos de interés paleontológico se había centrado en los escarpes del Tormes, especialmente en el Teso de la Flecha, fue en el barranco de Caenes donde el sacerdote Heliodoro Morales me llevó un día de 1971 para ver un pequeño cerrito en cuya base se encontraban restos de plantas fósiles. Posteriormente Antonio Arribas Rosado, a veces con su hermana Merceditas y su amigo Tomás González, hizo por su cuenta una pequeña excavación donde salieron algunas mandíbulas de mamíferos, estudiadas mucho después por Miguel Ángel Cuesta. A destacar que entre ellas figura un holotipo: Franzenium durense. El punto es conocido como “excavación Toñín”. En 1985 excavó allí Santiago Martín de Jesús, acompañado en muchas ocasiones por su padre, Manuel Martín Sánchez. Los resultados fueron muy buenos, descubriendo magníficos ejemplares de tortugas.

Faltaban 5 m para llegar al sitio donde había una tortuga fósil, en medio de la pista del circuito de motocross. (26 noviembre, 1984) (Foto E. Jiménez).

Pero, volviendo al circuito de motocross, el 26 de noviembre de 1984, no sé si fue Santiago Gil Tudanca o Saúl Pollos Pirallo, o los dos a un tiempo, los que me dijeron que habían encontrado una tortuga en pleno circuito de carreras. Allá nos fuimos aquella tarde, acompañados por Santiago Martín de Jesús y Benito Fincias San Martín–¡qué equipo maravilloso tenía entonces!–, con todo lo necesario para extraer limpiamente el ejemplar. Estaba éste en medio de la pista, justo en el punto en que la pendiente era más abrupta. Pronto vimos que se trataba de medio peto delantero de un Neochelys salmanticensis, que no hizo falta extraer con poliuretanos. Bastó con endurecer el bloque con Primal. Mientras estábamos operando uno del equipo tenía que estar arriba, en la pista, para avisar a unos motoristas que estaban practicando motocross en el circuito, para que no nos atropellasen.

No tardamos mucho en extraer el bloque y aprovechamos la tarde para buscar nuevos indicios por aquellos fructíferos escarpes, con resultados positivos. Quedó en el aire solicitar una gran excavación como continuación de la de “Toñin”, que finalmente se realizó en 1992, y otra previa, de menor envergadura, dos años antes. Pero eso lo contaré en otra ocasión.

No puedo terminar sin decir que todo el material que se encontró en todas estas ocasiones mencionadas está depositado, etiquetado, determinado y expuesto o almacenado en la Sala de las Tortugas de la Universidad de Salamanca. ¡Cómo debe ser!

El bloque que se extrajo el 26 de noviembre de 1984, con medio peto delantero de un Neochelys salmanticensis. Una vez restaurado se le etiquetó como STUS 12.150 (Foto E. Jiménez).
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