Opinión

Engañar como a un chino

 

– ¿Conoce usted el dicho «engañar como a un chino»?

– ¡Claro! Es muy usado…

– ¿Y de su origen?

– Algo he oído. Pero dígame usted lo que sabe y luego le respondo…

– Pues verá usted… ¿Sabe que el doblón español fue la primera divisa de uso mundial hasta el siglo XIX, algo así como el dólar de aquellos tiempos? Pues bien, en el comercio con los chinos había muchos fraudes en la ley de la plata de estas monedas y ellos inventaron la manera de evitar el engaño troquelando su marca en las monedas, una vez comprobada su legalidad. Son las famosas monedas reselladas, o resellos.

– ¡Ya! Y usted cree que de aquellos fraudes surgió la frase.

– ¡Supongo que así fue! No olvide que los españoles tenemos fama de picaros y engañadores…

– Yo no estoy de acuerdo con eso. La idea de resellar las monedas con un troquel no la inventaron los chinos para combatir los fraudes hispánicos. Es mucho más antigua. Se tuvo la necesidad de evitarlos cuando la plata acompañó al más modesto cobre en las transacciones comerciales en el Celeste Imperio. El tratar de quedarse con parte del material es pecado frecuentísimo entre los apadrinados por san Eloy, es decir, los joyeros. Es un fraude tan antiguo como el gremio, en China y en el resto del mundo…

Un «Real de a 8» de 1800.

– O sea, que ya lo venían practicando…

– ¡Así es! En el mundo antiguo las monedas informes eran frecuentemente arañadas o dañadas para quedarse con las esquirlas. Por eso se hicieron las monedas lo más redondas posible. Y aún con eso se ven arañazos profundos en algunas… Y además está la cantidad de plata en la aleación, lo que se llama la ley, que era fijada por los gobiernos, muy escrupulosos en ello…

– ¿Y donde entran los doblones españoles en esta historia?

– Inmediatamente después de la circunvalación de Juan Sebastián de Elcano, la mayor hazaña náutica de la Historia, la rivalidad de España con Portugal por el control del comercio de las especias hizo fijar la atención en el dominio del Oriente. Pero establecida la ruta portuguesa bordeando África, España únicamente podía llegar a las Molucas desde las costas del Nuevo Mundo, dada la dificultad de atravesar el terrible estrecho de Magallanes. Ello fue posible gracias a la gran labor civilizadora de Hernán Cortés y de los primeros Virreyes de Nueva España, en especial de Antonio de Mendoza. ¡Qué gran visión, que acierto en la elección de las personas adecuadas, tuvo aquel gran rey, el Emperador Carlos! Siempre se habla de los Conquistadores de América y de las barbaridades que algunos hicieron, pero que poco de la gran labor colonizadora y civilizadora de otros. En muy poco tiempo las Indias Occidentales se poblaron de universidades, ciudades florecientes y astilleros. ¡Cuánto se ha dicho a partir del padre Las Casas y qué poco de Antonio de Mendoza y de la infinidad de españoles que hicieron de casi todo un continente una tierra próspera y civilizada, con una lengua y una cultura común que nos caracteriza, aquí y allí! ¡Y en tan poco tiempo! ¡Qué poco se recuerda en España, hoy, al padre Vitoria, que desde Salamanca escribió la base de Derecho de Gentes!

«La búsqueda de la ruta de acceso a las Molucas se inició ya en tiempos de Hernán Cortés, viéndose la necesidad de adquirir una base de operaciones en las islas Filipinas. El gran acontecimiento fue el descubrimiento del camino de regreso, el Tornaviaje, logrado en 1565 por aquel gran marino que fue Andrés de Urdaneta. Pero éste no fue, como se dice, el primero que llegó de vuelta a Nueva España.

– ¿Qué me dice usted? ¿No fue Urdaneta?

– Pues no. Tal hazaña se debe a Alonso de Arellano, que llegó unos meses antes. Pero se atribuye a Urdaneta, porque fue él quien fijó la ruta Manila-Acapulco, que habría de recorrer hasta 1815, anualmente, la famosa Nao de Manila, cargada de productos del Extremo Oriente. No sólo de especias. De China traía seda, jade, té, porcelanas… ¿Y qué recibirán los chinos, a cambio? Evidentemente productos artesanales, no. La plata novohispánica y del Perú inundó el mercado interior de Extremo Oriente en forma de reales de a ocho y otras monedas. Su éxito fue tan grande que otras potencias, sobre todo Inglaterra, se dedicaron a falsificar la moneda española, estableciendo incluso una ceca en Birminghan donde se hacían doblones de baja ley. Las trampas no las hicieron los españoles, muy cuidadosos de mantener el prestigio de su moneda con unas ordenanzas muy severas. Y los chinos siguieron con sus antiguas tradiciones defensivas, troquelando sellos cuando se comprobaba que la moneda era «legal». En el XIX, con la independencia de las naciones hispanoamericanas, aunque desapareció el anual transito de la Nao de Manila, continuó llegando a China un intenso tráfico de monedas de estos países, y también españolas, reselladas para su uso en las islas Filipinas. ¿Qué queda hoy de todo aquello?: Nada menos que el símbolo del dólar, cuya S es la divisa de Carlos V, sin el «Plus Ultra», con dos barras que representan las Columnas de Hércules. Y estas dos barras atravesando la E caracterizan también al euro.

Un «Real de a 8» de 1796, resellado.

– Y entonces ¿lo de «engañar como a un chino»?

– Yo creo que procede de la explotación masiva, a mediados del XIX, de mano de obra barata para la explotación del guano de las islas del Pacífico americano. Eran orientales engañados en su lugar de origen con falsas promesas que luego no se cumplían. Hubo muchísima mortandad por lo duro del trabajo y la escasa alimentación. Algo parecido, aunque no tan dramático, ocurrió con la construcción de las vías de los ferrocarriles norteamericanos…

– Parece que usted ha leído mucho sobre el tema. Me tiene que contar más cosas sobre la expansión española en el Pacífico, pero otro día, que hoy ya se ha hecho tarde…


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Un comentario

  1. En la época de la industrialización de España se llamaba «chino» (y también «coreano») a los trabajadores foráneos españoles provenientes de regiones y nacionalidades de fuera de donde se hacía la obra (altos hornos, presas, etc).
    Se necesitaban muchos trabajadores para estas obras y los reclutadores se desplazaban por todos los pueblos hablando de las magníficas condiciones de trabajo y salario y hospedaje que iban a encontrar.
    Estos inmigrantes, que venían en gran número, a veces superando la población de los pueblos a donde iban a realizar la obra, debían recordar a reportajes sobre los conflictos de Asia y por eso posiblemente recibían el nombre de chinos o coreanos.
    Una fuente que encontré en internet:
    http://www.elcorreo.com/alava/araba/201508/11/hermanos-coreanos-cronica-inmigracion-20150810223424_amp.html

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