Opinión

Seis meses después

 

Sucedió hace mucho tiempo, a finales del siglo XX y comienzos del XXI concretamente. Paradoja. De éstas, las hay fascinantes y divertidas y otras que, por el contrario, se presentan angustiosas e ininteligibles. Creyeron que tenían que vivir y hacer todo tan a prisa como se les ocurría cuando, curiosamente, sus vidas transcurrían por el hilo más largo de todos los tiempos. No mucho antes, se podían dar por satisfechos aquellos que superaban la barrera de los 40 años cuando en aquella época la esperanza de vida (ahora voy con ella) duraba el doble de giros aproximadamente…

Esperanza… Verbalizada sin sufijo parece invitar al sofá ¿no te parece? Espera… Un sofá durante mucho tiempo. Pobres costuras… Mencionas la esperanza y surgen otras geniales ideas, la confianza, el deseo, la creencia, la ilusión, el sentimiento, la motivación, la gracia divina, la salvación, la virtud, el valor… Desde el sofá…

Era inevitable una abigarrada convivencia de lo ultramoderno, lo pendiente de invención, con costumbres antiguas.  Lo de ayer era viejo, lo viejo se transformaba en vintage y lo vintage se hacía moderno en el mismo minuto. No es sencillo no perder la cabeza cuando al despertar cada mañana puedes creer que es esta semana, la pasada y la que viene. Serían las prisas. Prisas por cubrir de brea y alquitrán viejas calzadas romanas mientras se quiere salvar al planeta de su fuego interior.

Vistas las condiciones, hubo quien tuvo una idea brillante. Aprovechar esas prisas y crear cosas que sabían a cosas que no eran tales cosas. Frutas, verduras, carnes y pescados de mentira listos para comer tras la campana del microondas. Cierto que no era la mejor opción, pero sí la más rápida para disfrutar de un hambre saciada.

Vistas las hambres, hubo quien tuvo una idea más brillante todavía. Crear un botón para conectar personas que compartían las mismas prisas. Saciarlas recurriendo a la misma carestía. Personas que sabían a personas que no eran tales personas. Sí, aportando una interesante variedad. El nombre era lo de menos, pero recordaba al de ese famoso dulce de chocolate y leche por fuera que contenía un juguete, una ilusión, una sorpresa por dentro. Esperanzas… De nuevo la confianza, el deseo, la creencia, la ilusión y cien etcéteras más que hacían pensar que dentro de ese huevo hallarían lo que necesitan. ¡Tachán! La sorpresa siempre consistió en descubrir qué inservible cacharro ocuparía un lugar en la papelera.

Vistos los inmediatamantes y los quieros, hubo quienes hicieron distinto. Ni tenían ni dejaban de tener esperanza, simplemente les importaba más la vida. Resueltos a no vivirla, eso es para los de la fe, decidieron hacerla. Creían, pensaban, imaginaban, se manejaban y probaban.

Echaron cuentas, tenían toda una vida. Descubrieron convencidos de estar a solo seis meses de casi cualquier cosa. Cogieron sus huevos y sus sorpresas, lo dejaron todo en el sofá y se levantaron a toda prisa.

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