Opinión

Cuatro dimencias

 

El alto por el ancho te regalará la foto, se encuadrará en el marco en el que decidas depositarla, encajará estática, se llama ahora, aceptará cualquier tiempo verbal que le propongas. Ahora. Generoso, vital, real, invitará al paladar, al goloseo, al acunarse o al gritar. Suerte de poder vivir pensando única y exclusivamente en ahora… Y que le den al tiempo, hoy es hoy. ¿Y qué mañana? Si no llegará nunca. ¿Y qué ayer? Encontrará la forma de ubicarse a la distancia perfecta para no poder hacer gran cosa al respecto… Lo que ves es ahora, lo que está por venir se llama imaginación, lo que ya pasó, memoria.

Hoy. Sí. Punto. El tamizado cóctel de ideas más breve y conciso. Siempre que no se te pase por la cabeza estirar el ángulo hasta los ciento ochenta grados. Porque sí. El punto se convertirá en línea, desaparece el vértice, desapareció el punto, aparecerá el tiempo…

Las palabras se presentan en dos dimensiones. Da igual el tamaño, la tipografía, la grafía del tipo, el color o el idioma con que las decidas vestir. Tienen un ancho y un alto. Perfectas cumplidoras del cometido de su significado. Iguales hechas sonidos o tinta. El tamaño es el volumen, el volumen es mayúsculo. Cuidado. Tienen más.

Es ese otro algo. Cómo decirte… Eso que trasciende de lo minúsculo y lo mayúsculo. Eso que se queda ahí… Ese espacio que tantas veces permanece escondido. El lugar de la raíz, donde se sujeta todo, a partir del cual crece todo, el suelo, la base, donde todo termina por reposar, la -G- de gravedad. Eso que se hace poso y como tal, reclama su lugar. El fondo.

Las palabras tienen ancho y alto. También fondo. ¿Por qué? Porque siempre vienen de algún sitio, porque siempre van a algún lugar. Ninguna es gratis aunque se regale. Unas más, otras menos, unas arañan, otras se clavarán bien adentro. A un lado tú, al otro yo. Ancho, alto y fondo, el que surge de la distancia entre tus labios y mis oídos, entre tus letras y mis ojos.

Esa tercera dimensión se muestra y se demuestra en desequilibrio. El lado de la interpretación siempre mucho más pesado que el de la intención. Pequeñas palabras que pueden convertirse en grandes hechos, otras contundentes como rocas que invitan a un tacto pómez. Cuidado, hay más.

Al menos otra. Reconocible cuando una sola, pequeñita, es capaz de hacer brotar un firme eje Y en el lineal hilo del tiempo. Cuando es capaz de convertirse en coordenada. Pasa. Pasa cuando no reconocemos su capacidad de efervescencia. Ese fenómeno que, por fermentación o reacción química, trae consigo finas burbujas a medida que se desvanece lo dicho. Aquí se esconde la última dimensión. En el tiempo. Ya sabes, no pinta nada, solo fluye, solo pasa… Ese indescifrable caminar tan suyo.

La cuarta, el tiempo, sobre el que se deposita cada una de tus palabras. Vienen de algún ayer para conquistar algún mañana.

Moveyourself.    

Más información, aquí

Mostrar más


Noticias relacionadas

Deja un comentario

Echa un vistazo

Cerrar
Botón volver arriba