Jesús Málaga

Las primeras elecciones municipales

JESÚS MÁLAGA: ‘Desde el balcón de la Plaza Mayor’ (Memorias de un alcalde)

Y llegó el día de las votaciones, el 3 de abril de 1979. El recuento era artesanal. En el Gobierno Civil se extendían unas sábanas de papel en la mesa del salón de recepciones y se iban apuntando a mano los resultados de cada mesa, sección, distrito y localidad. Era una labor minuciosa, se tardaban días en conocer los resultados definitivos, los que en la actualidad conocemos a las pocas horas de comenzar el escrutinio.

En la sede del PSOE, entonces en la Avenida de Portugal, íbamos recontando los votos que nos llegaban a través de los interventores del partido en las mesas electorales. Sabíamos que estábamos cerca de conseguir once concejales. Avanzada la noche y convencidos de que estábamos en la oposición con un buen resultado, me fui a casa. Los que me conocen saben que soy de costumbres espartanas y que suelo acostarme pronto, siempre a la misma hora. Esta forma de comportarme era conocida por mis compañeros de partido. Ante el rumor que corrió en plena campaña de que era un bebedor empedernido y que cerraba un día sí y otro también una sala de fiestas en Santa Marta, La Coquette, mis partidarios y amigos en vez de defenderme se echaban a reír. Pues bien, apenas reposamos la cabeza en la almohada recibimos una llamada de teléfono desde el partido. Era Máximo Gómez que nervioso por los acontecimientos me pedía que volviese rápidamente a la sede, los comunistas habían contado sin errores los votos y, según ellos, era el alcalde.

Asustado por lo que se me venía encima, solo tenía 33 años y nula experiencia en la gestión, me vestí lo más rápidamente que pude, y con mi mujer nos encaminamos hacia la Avenida de Portugal. Un gran gentío esperaba en los alrededores y al verme se abalanzaron sobre mí para felicitarme y a hombros como los toreros entré en la sede del partido. Los simpatizantes de la izquierda salmantina estaban henchidos de alegría sin ganas de irse a acostar.

La gente lloraba de emoción, hacía casi 43 años que no había en Salamanca un alcalde democrático, desde la muerte violenta de don Casto Prieto Carrasco en el verano de 1936, en los comienzos de la Guerra Civil. Querían celebrarlo y pedían que marcháramos a la Plaza Mayor en manifestación. Habíamos recibido instrucciones de Madrid de que fuéramos moderados en nuestras manifestaciones de alegría. Tomé la palabra, y como pude los convencí para celebrarlo en la sede. El vino y algunos licores corrieron en abundancia durante toda la noche.

En la sede de UCD ocurría todo lo contrario. Habían preparado un ágape por todo lo alto y al saberse que no tendrían mayoría y que sus socios de la derecha, Alianza Popular, no habían obtenido el 5% necesario para lograr un escaño, la fiesta se convirtió en un funeral.

Los socialistas bejaranos tenían todo preparado para que se pusiera el foco en su victoria, creyendo que Salamanca caería en manos de UCD. Al darse un resultado no esperado, el triunfo de Belén Cela quedó oscurecido.



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