Opinión

Psicología de la vida cotidiana

 

Apreciado lector

 

Quisiera darte la bienvenida a mi primer artículo en esta sección de Opinión. A partir de hoy me gustaría compartir contigo vivencias, anécdotas y mi visión particular de la psicología, disciplina a la que estoy vinculada desde 1995 cuando empecé a estudiarla en la Universidad de Barcelona. Mi intención es invitarte a reflexionar sobre las ideas planteadas y, por qué no, quizá aportarte nuevas estrategias. 

Por mi experiencia, me da la sensación que a quien más quien menos le interesa la psicología. De hecho, un comentario habitual que suelo escuchar cuando conozco a alguien y sabe a qué me dedico es el de “yo también quiero estudiar psicología”. Y no solo lo realizan jóvenes que todavía no ha decidido qué estudios cursar. Personas de edades bien diferenciadas, incluso cercanas a la jubilación, también me lo han comentado alguna vez. 

Mi primera respuesta cuando alguien dice algo así, sin ánimo de desalentar a mi interlocutor, solo faltaría, es preguntarle si le gusta la estadística o la fisiología. O la neurociencia. Y es que desde la universidad se imparten materias con una rigurosidad que no siempre cuadran con la idea que tiene la población general de lo que es la psicología, más centrada en aspectos como la inteligencia emocional, la autoestima o la empatía. A mí al menos me hubiera ido de fábula saber que iba a estar tan basada en el método científico, no estaba yo en aquella época para tanto rigor. Menos mal que las personas cambiamos (te lo dice una que ha acabado estudiando psiconeuroinmunología) y vamos encontrando nuestro lugar en el mundo. 

Pero creo que entiendo lo que las personas quieren decir. Somos muchos los que tenemos curiosidad por cómo funciona la mente humana, por saber por qué actuamos de una forma o de otra, qué lleva a alguien a ser capaz de cometer la mayor de las atrocidades o si el ser humano es bueno por naturaleza. Además, deseamos mejorar nuestro bienestar emocional, porque sabemos que se puede. Y queremos aprender, es inherente al ser humano. Y para ello leemos, nos informamos, y si conocemos a alguien que tiene más conocimientos que nosotros sobre uno de esos aspectos psicológicos, muchas veces nos despierta curiosidad e incluso admiración. Bueno, no sé a ti pero a mí me pasa todo el tiempo: estoy siempre queriendo aprender lo que esas personas ya saben y que hace que de alguna manera sus vidas sean un poco mejor. 

Ambas visiones de la psicología son válidas y deben coexistir. La sociedad necesita a psicólogos rigurosamente formados y especializados en su labor, pero también que la población tenga cada vez más herramientas emocionales para lidiar con el día a día.Conocernos más a nosotros mismos y mejorar nuestra inteligencia emocional debería ser una de nuestras máximas a lo largo de la vida. Seguramente nos ahorraría muchos malentendidos, dificultades de relación y de convivencia. 

Yo por mi parte quiero traerte una mezcla de las dos a esta columna, porque en mi realidad ambas se entrelazan sin distinción: la psicología más académica se inmiscuye en mi vida cotidiana, llena de certezas e inseguridades, aciertos y errores (como cualquier otro ser humano), y mis inquietudes y anhelos buscan respuestas en la rigurosidad científica. Si a ti también te sucede algo parecido o simplemente tienes curiosidad por aquello que puedas leer en esta sección, te invito a que me sigas en mis próximos artículos o en redes sociales. 

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