Opinión

El sino

 

Conjuga o construye una carretera de obligado tránsito. ¿Qué puedo hacer sino dejarme llevar por mi sino?

Conjuntivamente es a la vez el regate y el oponente. El nexo que vincula dos elementos. El pero ataviado con traje de gala. Trasviste de la nadidad el no hago nada pero pienso en ti para transformarlo en un sutil y elegante no hago sino pensar en ti. Más íntimo, más solo, más solamente, más tan solo. Más excepcional.

Sustantivamente es la señal, el presagio, el hado, el destino que nos ha sido predeterminado por, evidentemente un ser superior. Ineludible, inevitable, carcelero de la libertad del hombre, fiscal del libre albedrío. Verdugo del sentido de la duda, anfitrión de la abdicación y la conformidad. Sordo a la queja y la ilusión. Inerme ante el aliento y el desaliento. Censor del intento y la batalla. Aquí y en la vietnamita Cochinchina.

El destino. El sino. Una figura que no hace ascos a ninguna frontera ni a ninguno de sus lados. Existen desde nuestro siempre. Las griegas moiras, las romanas parcas, Laima y sus hermanas para los bálticos o las nornas nórdicas. Hilanderas de la vida de cada mortal e inmortal. Mucho esfuerzo invertido en sus ruecas como para no creer en ello. Mal karma…

Tengo dos sinos. Uno para conjuntarme, otro al que seguir. Tengo otras cosas también. Tengo el bisturí del espacio y de la pausa. Puedo separarlo, dividirlo y jugar con los restos. Puedo decir sí. Puedo decir no. Y puedo así, evitar esos sinos.

Puedo decir no hago nada y sí te pienso. Y será mentira que no haga nada porque te estaré pensando.

Puedo decir sí al sino y dejarme llevar, tranquilo y paciente para seguir el hilo hasta llegar a donde las hilanderas quieran hacer el pespunte, cortar la seda o terminar el ovillo. Y puedo decir no a ese hilo.

Puedo decir sí y no cada vez según me plazca y esperar hasta la próxima oportunidad que seguro siempre seguirá a mi respuesta. Puedo crear ramas infinitas que salgan desde el tallo y escoger sí o no a una siguiente.

Puedo decir sí a un siguiente brote y seguir expandiéndome, puedo decir no y establecerme. Puedo decir sí para coronarme. Sí a una hoja y respirar tranquilo. Puedo decir sí a una flor para perpetuarme y propagarme por el aire. Puedo decir sí a un fruto para alimentar y buscar un nuevo suelo.

Puede que no sea sino el sino lo que nos obliga o impide saber que son solo un pequeño espacio o una breve pausa los únicos necesarios para cambiar destinos. Puede que no sea sino el sino quien sepa de ellos y de cómo y cuándo los utilizaremos.

Pero ¿y si no? ¿Y si el sino no es sino un sino?

Moveyourself. 

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