Opinión

En la calle de Babia

 

¡Decíamos ayer…! Bueno, mejor dicho, no hace muchos días, que caminaba yo por la calle de Babia, cuando…

… Cuando algo me llamó la atención. Una mujer, de unos 40 años, estaba recogiendo unas plantas silvestres, de las muchas que, como pueden, malviven en dicha calle.

Recogía. No cortaba ni arrancaba. Había algo en sus maneras que la definía. Me acerqué.

– Perdone que la moleste. ¿Es usted bióloga?

– Pues sí. ¿Cómo lo ha sabido? ¿Me conoce?

– No. Es que en la forma en que recoge las plantas se nota que lo hace con interés botánico.

– Pues yo también sé quién es usted. Es Emiliano, el sabio fundador de la Sala de las Tortugas…

– Bueno. No tan sabio. No tan sabio. ¿Ha sido usted alumna mía?

– No. No tuve ese placer. Cuando usted volvió a dar las clases de Geología en Biológicas, yo ya estaba en tercero. A quien sí conocí fue, en Paleontología, a Jorge Civis y a su esposa, Maruja Valle.

Plantas "salvajes" en la calle de Babia (Salamanca).
Plantas «salvajes» en la calle de Babia (Salamanca).

– ¿Y al terminar la carrera entró usted en Botánica?

– No. Saqué una plaza en el Instituto… Pero dedico todo mi tiempo libre a lo que me gusta…

– ¿Y en qué consiste lo que está haciendo? Porque me imagino que estas plantas están más que identificadas…

-¡Por supuesto! Estoy tratando de ver si hay alguna anomalía debida a la contaminación…

– ¿Y no sería mejor recogerlas cerca de algún basurero?

– Puede que sí. ¡Intentaré probarlo también por ahí!

– ¿Y desde cuando es aficionada a la Botánica?

– ¡Desde siempre! Mi padre era médico y tenía unos preciosos libros con unas láminas que, desde niña, fueron mis favoritas. Aprendí el francés traduciendo el Bonnier… ¡Ya sabe! ¡Las claves…!

Portada del «Bonnier», manual de claves de identificación botánica, seguido por numerosas generaciones de estudiantes.

– ¡Ah! El Bonnier. También yo tuve que usarlo para determinar las flores del Jardín Botánico de Madrid. Por entonces aún no se habían hecho las claves en español…

– Pero… ¿usted estudió Botánica?

– Pues sí. En las 10 primeras promociones de Ciencias Geológicas de Madrid había un Plan de Estudios en el que figuraba esa asignatura en segundo curso. Nos la dio el gran profesor don Emilio Guinea…Yo soy de la novena promoción. Y, por cierto, ¿llegó a conocer a Bartolomé Casaseca?

– No. Las clases nos las dio Javier

– ¡No sabe usted lo que se perdió! Fue un gran Maestro, muy exigente con los alumnos, sí, pero también consigo mismo. ¡Un gran docente, fundador de la Botánica salmantina! ¿Y desde niña recogía y preparaba usted las plantas?

-¡Claro! Salía con mi padre al campo siempre que podíamos y me enseñó cómo había que hacerlo. La afición al estudio fue el mejor regalo, la mejor herencia que me dejó…

– Bueno. La dejo con su investigación. He tenido muchísimo gusto en conocerla. Su padre deberá sentirse, allá donde esté, muy orgulloso de usted…

– Yo también he tenido mucho gusto, don Emiliano. Ha sido un gran placer charlar un rato con usted. Espero que no sea la última vez.

– ¡Qué así sea!

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Portada del «Bonnier», adaptado a la Península Ibérica, en español.

La verdad es que este insospechado encuentro me llenó de alegría. Fue rememorar lo que muchas veces vi: que había personas a las que les fue dado el grandioso don del amor a la Naturaleza, que tuvo su máximo esplendor en el siglo XVIII. Eso dicen. Pero siempre se olvidan de la gran labor que hicieron los españoles en el Nuevo Mundo, del intercambio de plantas y animales entre ambos continentes, de esa Historia que atesoran el Archivo General de Indias de Sevilla y el Real Jardín Botánico de Madrid… ¡Lo que presumirían otras naciones si ellas hubiesen descubierto y colonizado América!

Y, al mismo tiempo, me llenó de incertidumbre. Esta mujer que adora la Botánica –cuyo nombre, imperdonablemente, no apunté–, siendo niña, aprendió a determinar las plantas en el Bonnier. ¡Y en francés! No me puedo imaginar hoy a un niño, o a un adolescente, haciendo eso. ¡Cómo han cambiado los tiempos!

Pero puede que yo esté equivocado. Es posible que ¡a nuevos tiempos, nuevas modas! Y que los jóvenes adopten las modernas ventajas de la Informática como una utilísima herramienta de investigación y no como un pasatiempo. ¡Un nuevo Renacimiento Cultural, después de la Edad Oscura!


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2 comentarios

  1. Vaya, curioso encuentro entre científicos con una mirada nostálgica a viejos profesores y antiguos manuales. Un emocionante episodio antes de dormir. Gracias y un abrazo, amigo.

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