Opinión

La hoguera global

Huele a quemado! Se dice.
Pero ¿de dónde viene el humo?
El humo está en todas partes.

El nuevo orden progresa por combustión.

Escucho la radio: un tercio de los argentinos son pobres. Acto seguido se escucha el ruido ambiente de un comedor social en ese país, y se entrevista a algunos de sus usuarios. La mayor parte son pensionistas.
Una anciana confiesa: «No me llega. Por eso vengo». Es decir, no le llega la pensión para comer. He ahí la cuestión.
Probablemente para ella y para muchos como ella (cada vez más) comer y tener techo son «lujos» incompatibles. Hay que escoger. Morir de hambre, o morir de frío.

Este es el paisaje que se prodiga allí donde el neoliberalismo pasa arrasando, poniendo orden, un nuevo orden, creando posmodernidad. Ya no nos resulta extraño, y tampoco lejano.
También aquí, en nuestro país, se viven situaciones parecidas, cada vez más frecuentes, cada vez más asumidas. Forman parte del paisaje.

También aquí muchos de nuestros dirigentes han abrazado esa fe (pirómana).
La «tercera vía» del socialismo hipostático (e hipotético) no era socialista, ni siquiera social. Era pensamiento único, nuevo orden, callejón sin salida, circunloquio del mismo desastre. Distracción y engañabobos.

También aquí nuestros ancianos sufren y salen a la calle. Se manifiestan. Luchan por las pensiones. Dan ejemplo.

No hemos salido de una y ya estamos en otra: estafas, en plural. Crisis o recesiones las llaman, para despistar.
Y reformas laborales (también en plural), alguna de titularidad «socialista», del PSOE concretamente, para llegar al mismo resultado.
Muchos lo vieron venir y lo denunciaron: austericidio inútil, suicida, criminal.
Nuestros sabios dirigentes (los de las reformas laborales, los «técnicos», los tecnócratas) no lo vieron. Es decir, no quisieron verlo. Sus dueños (los dueños del dinero) les ordenaron cerrar los ojos y callar.

Comedores sociales para no morir de hambre. Y manifestaciones, barricadas, y hogueras para protestar, para reclamar los derechos robados, para denunciar la estafa.
Y esa estafa es ubicua, global, pandemia. Tal es el éxito de esa ideología extrema entre nuestros dirigentes de «centro».
Y tales son las consecuencias unánimes: pobreza y desigualdad global.

También la hoguera es global.
El cambio climático traerá grandes incendios, dicen, y el nuevo orden colabora a la quema. Incendios sociales, políticos. Civilización en llamas contra una Naturaleza en llamas. Civilización que apura su cena de las cenizas.

Ayer chalecos amarillos, en Francia, la civilizada Europa. Argentina no levanta cabeza. Hoy toca Chile, donde la fe fue impuesta manu militari por los Chicago boys, a las órdenes de Pinochet, y viceversa. Fascismo y dinero. Dinero y fascismo.

Allí, en Francia, aumento del precio del combustible como gota que colma el vaso. Aquí, en Chile, el aumento del precio del metro como gota que desata la desesperación.

Estallido social.
En YouTube veo un vídeo: se trata de la lectura de un comunicado del colegio de médicos de Chile. Los doctores empatizan con el malestar de la ciudadanía y denuncian la situación. No es una guerra, como dice el presidente para justificar la represión. Es un Desorden Social gestado por el Nuevo Orden, que es un orden extremista, distópico, de violencia soterrada pero letal.  Los médicos sospechan una falta de transparencia sobre los datos reales de la represión. El número de muertos es una incógnita. Hay miles de detenidos. Piden un cambio y un giro social.

Las geometrías tecnócratas tienen arquitectos plutócratas. Mucho cristal, mucha línea recta, mucho acero, mucha muerte.
También el transporte (poder moverse) es un lujo incompatible con la comida o el habitáculo. Hay que escoger. Las cuentas de la miseria no cuadran. No hablamos de un yate. Hablamos del transporte público. No hablamos de viajes de placer, hablamos de ir al trabajo (el que lo tenga), de evitar la parálisis definitiva.

La fe que sostienen nuestros dirigentes no es lógica, sino dogmática, cerril. No se atiende a los resultados. Los resultados no importan. Lo que importa es el esquema, es decir, la fe. Pensamiento único.

Si hoy miramos a nuestro alrededor lo que vemos es una hoguera global y múltiple que se auto replica vía wifi y vía desesperación compartida. Las desesperaciones se van sumando. Las hogueras se comunican.
El nuevo orden rompe, separa, y quema. La desesperación se contagia y une. Son lenguajes diferentes y obedecen a una lógica distinta. La desesperación se nos antoja más humana que la represión.

Cuando se decidió (vía clubes privados) por nuestras élites dirigentes globalizar el neoliberalismo -ese dogma perverso y poco meditado- se decidió globalizar la hoguera y consumar el incendio.

No le den más vueltas: son pirómanos.

POSDATA: Comunicado del Colegio de Médicos de Chile, aquí


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