Opinión

Yo lluevo, tú llueves

 

De clase de lengua de LOECEs, LODEs, LOGSEs, LOCEs, LOEs y/o LOMCEs. Cambia la fachada pero la distribución de las habitaciones viene a ser la misma más o menos (o menos o más).

Te contaron, tuvieras la atención encendida o entre bostezo y bostezo, que los verbos impersonales son aquellos que se conjugan solamente en tercera persona, solo se presentan con traje de Él o vestido de Ella y por tanto nunca saldrán de un Tú o de un Yo.

Los llaman también defectivos, juego a suponer que porque tienen alguna tara, alguna carencia. Les viene a faltar algún tiempo, modo o persona en su, de nuevo, conjugación. Paradigmas verbales, conjugar quiere decir combinar varias cosas entre sí, cotejar, comparar o enunciar un verbo en sus diferentes formas.

De los ejemplos más típicos que te contaron rescataré uno de un grupúsculo de rebeldes que dicen ser terceras personas; llover. Te dijeron que tú no llueves, que yo no lluevo y que aunque nos juntemos muchos, ni lloveremos ni lloveréis. Te mintieron. Por supuesto que llueves. Tanto o más que las nubes.

¿Recuerdas los cúmulos, los nimbos, los cirros y los estratos? Te lo contaron en otra hora lectiva pero más o menos a la misma altura de cole que aquella clase de lengua. Te dijeron algo así como son hidrometeoros visibles formados por cristales de nieve o gotas de agua microscópicas suspendidas en la atmósfera. Dependiendo de su humor, pueden dispersar la luz y por eso las ves blancas o bien se tornan grises o incluso negras cuando están, digamos, sometidas a gran presión o grosura.

Qué sorpresa. A ti también te pasa…

Vistas las nubes, vayamos a la lluvia. ¿Por qué llueve?  Te lo contaron al finalizar la clase de las nubes. Sería algo así como que se trata de una precipitación de partículas de agua que, ojo, tienen que tocar el suelo. Si se evapora antes de mojar la tierra no es lluvia sino virga. Para que llueva, se deben conjugar varios factores; la presión, la humedad y la temperatura. Entre unas y otras decidirán si se lanzan sobre ti salpicándote gotas, acariciándote con copos o golpeándote con hielo.

Qué sorpresa de nuevo, a ti también te pasa…

Asumiendo estas características, supongo que no es tan díscolo reclamar el derecho a llover. Porque de nuestra concentración, tamaño y altura depende que nos mostremos en cómodos blancos o amenazadores negros. También que lo que lancemos sean frescas gotas con que regar, tersa nieve con que jugar o duras piedras capaces de quebrar todo lo que encuentren a su paso.

Si nos dejaran conjugar tranquilos, todo sería distintamente igual. Cuando tú llovieras, alimentarías el suelo del que surgirían nuevos brotes. Cuando tú nevaras, conseguirías ser el marco de la postal y darías valor a la guarda y el fuego. Cuando tú granizaras, yo me iría.

Ninguna sorpresa.

Moveyourself. 

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