Opinión

Reflejos (II)

 

«que aya Escuelas en Salamanca». ¡Hombreeee, dicho así, nos coge ahora en una edad en la que no necesitamos pretextos para celebrarlo! pero oímos tal cosa allá, por la mitad del siglo XX, cuando los niños íbamos con pantaloncito corto y las niñas con falditas por encima de las rodillas, que no imaginamos lo que pudiéramos haber dicho o hecho, además de llorar; incluso conocemos a uno que, aún siendo monaguillo por aquel Patio Chico, tal condición no le hubiera impedido encaramarse a lo más alto de aquellas tapias y portadas que él bien conocía y gritar unas cuántas cositas al respecto. Pero seamos serios y hagamos un paréntesis a nuestras historias.

Tal fue el deseo de un rey para una ciudad que conoció de niño; un anhelo y un mandato que marcaría el devenir y desarrollo de nuestra ciudad. Alfonso IX fundó en 1218 el Estudio General, vinculado desde sus inicios con la escuela catedralicia, como queda demostrado con la cesión, por parte del Cabildo, de diferentes dependencias en su claustro y el alquiler de algún que otro inmueble, como hizo la parroquia de San Benito.

Ventana geminada (bifora o ajimez) en planta primera de la Casa del Bedel.

Nos encontramos en una Baja Edad Media que dibujó importantes acontecimientos: ciudad que guardaba en su recinto amurallado (Cerca Vieja) la que fue su primera Catedral, el mercado o Azogue Viejo (hoy plaza de Anaya), un proyecto de Estudio que rompió fronteras y se hizo universal, así como una repoblación en auge necesitada de espacios extramuros que sus piedras no pudieron contener. En lo referente al Estudio General no existe documento fundacional, pero sí quedó constancia de aquel deseo real en el «Chronicon Mundi», manuscrito de Lucas de Tuy de 1237, guardado celosamente en la Biblioteca de la Universidad.

La investigación del profesor Eduardo Azofra Agustín nos rebela cómo la arquitectura universitaria condiciona el urbanismo de la ciudad transformando a ésta en la «Ciudad del Saber»; sus edificios emblemáticos empiezan a construirse en las primeras décadas del siglo XV: Escuelas Mayores y Menores y el Hospital del Estudio. Las Mayores se ubican frente a la Catedral (Vieja), a escasos metros, pero un poco más al norte, discurriendo entre ambas una de las vías que atravesaba la ciudad y que iba desde la Puerta del Río hasta la Puerta del Sol; la fachada principal con su acceso, la Puerta del Apeadero, miraba a naciente; la otra fachada (más adelante con su lienzo Rico e Histórico) hacia poniente, en la Rúa Nueva (actual Libreros).

Ventana de Mercatus, en su planta baja

Situadas en el plano urbano, dichas Escuelas estarían casualmente en el mismo centro. Ejemplo de la estrecha relación Catedral-Universidad es el pasadizo en forma de «L» invertida que partía desde la Sala de la Columna de esta última hacia la Seo. Sin embargo, otra construcción vino a alterar el fuerte vínculo: el 12 de mayo de 1513, el obispo Fco. de Bobadilla bendice la 1a  piedra de la nueva Catedral.

En 1504 la ciudad ya se había expandido hasta las 110 hectáreas, registrando 18.489 personas. En 1560 se culmina y consagra la Ia fase de la Catedral Nueva, cuyo atrio quedaba definido por unas columnas unidas con cadenas (tal vez motivo por el que la Puerta del Apeadero de las Escuelas Mayores pasó a ser conocida como Puerta de las Cadenas) mientras que la Universidad ya había optado por dar la espalda al Cabildo y trasladar su entrada principal a poniente.

A pesar de ello, los reflejos nos muestran que a los siglos convividos les seguirán muchos más.

Balcón en planta alta del edificio de Mercatus.

 

 



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