Opinión

Ego te absolvo

 

Quien anda con dudas de espacio y tiempo quizá no sea consciente de que la base de todo su dilema se halla en realidad en la velocidad acostumbra a decir una sabia a tiempo parcial. Queridos humanos, no es que sea un iluminado, miré en google, y dice que nuestra media está entorno a los 5 kilómetros por hora. Entrenando y exigiéndote fuerte quizá puedas llegar a los 40 (kilómetros hora de nuevo, claro) si tu meta está a 100 metros de distancia.

¿A qué viene esto? A no mucho o a todo, como tú veas, es uno de esos incontestables datos que no sirven para nada exceptuando lo que es pequeño e importante. Y por aquello de que el saber no ocupa lugar (¿el no saber ocupará menos?).

La cuestión es que el tiempo, la velocidad y la distancia, a veces deciden bailarnos a uno y otro lado del igual de la ecuación. Imagina una escena en la que compartes un espacio con un indeterminado número de seres semejantes, siendo la constante una distancia mínima por tanto (el espacio…). Surgirá un incidente que afectará a todas las partes.

Alcemos a nivel de ejemplo una comunidad de vecinos que comparte la instalación de la calefacción. Como caso no tendrás mancha de duda de cotidianeidad, ¿verdad?

Bastarán los primeros fríos del otoño para que arranque la diatriba de manera espontánea (ni hablar, cuídate de la espontaneidad). El inocente pladur será capaz de convertir 22 grados en el mismísimo infierno o en el polo dependiendo de su anverso y su reverso. Los compartientes del cisma tratarán con toda seguridad, dada la ya mencionada cercanía, de ponerle solución lo antes posible. Ahí la velocidad (ni hablar, cuídate de la velocidad) para acortar el tiempo (ni hablar, cuídate de acortar el tiempo).

Expuestos los hechos, aparecerán el termostato y su centigradosidad como núcleo del conflicto. Quizá se pase también por la sala de lo penal el ascensor, ya que quien vive en el bajo dirá que apenas lo usa, el garaje, porque el del segundo ce no tiene coche y la antena parabólica. La maldita paellera quita sol a la huerta urbana de la alemana del ático y la berza ve cortado su invernal desarrollo…

Sin excesiva velocidad, tomando la distancia adecuada y tratando de tener respuestas a tiempo, quizá a quien le parecen pocos grados 22, podía plantearse cambiar las viejas y sudorosas ventanas de aluminio y ponerse una rebequita para andar por casa. Quién vive al borde de la asfixia con esa misma temperatura podría haber ventilado y refrescado su morada por la mañana o incluso, a lo loco, cerrar algún radiador. El del bajo recordaría lo sencilla y barata que fue su desescalada mudanza a ras de suelo. La del 2C se podría pagar esa deseada escapada anual alquilando la plaza de garaje al vecino del cuarto, que tiene dos coches. ¿Y la alemana? Podría hacer vida normal porque, como todo el mundo sabe, el desarrollo de la berza en invierno es más tirando a lento.

Claro, esto solo podría pasar así, a cinco por hora.



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