Opinión

La sombra del machismo es alargada

 

Hace unos meses descubrí a un youtuber de lo más interesante, Roma Gallardo, y desde entonces no he dejado de ver sus vídeos. Me parece una persona muy inteligente y extremadamente crítica con cualquier movimiento o postura ideológica, así que por ahí ya me ha ganado. Si crees que no tienes nada que plantearte porque tus valores ya están bien como están, casi que ni sigas leyendo el artículo.

 

En mi opinión, sus mejores vídeos son aquellos en los que entrevista a personas anónimas sobre temas de actualidad. Algunos de los que más han llamado mi atención están centrados en el feminismo.

Roma cuestiona profundamente a las personas que secundan actualmente el feminismo, argumentando que hoy en día en España no existe el machismo como tal y que no hay ni un solo ámbito en el que las mujeres no tengamos las mismas oportunidades que un hombre.

Por supuesto, para justificarlo entra en numerosos matices y lo cierto es que en la mayoría de ocasiones deja a sus entrevistados sin demasiados argumentos. También es verdad que si a muchos de nosotros nos entrevistasen de improviso, no sabríamos qué contestar. Eso sí, cuando llegásemos a casa tendríamos una respuesta brillante que nunca vería la luz. Un clásico.

Pero aun así, Roma, de inicio te compro el argumento: pertenezco a una generación absolutamente privilegiada que ha tenido la suerte de vivir un momento histórico marcado por la igualdad.

Mis coetáneas y yo hemos podido estudiar, emanciparnos, viajar solas, optar a cargos importantes en empresas, ser emprendedoras o decidir si queríamos tener pareja o descendencia, entre tantos otros. Algo que las anteriores generaciones en su mayoría no pudieron más que soñar.

Dicho así parece que el sueño violeta haya alcanzado su máxima. Entonces, ¿por qué hay tantas personas que se consideran feministas, se manifiestan el 8M o luchan por una igualdad supuestamente conseguida?

Pues cada persona tendrá su propia respuesta, pero a mi entender lo hacen por solidaridad hacia cada una de las mujeres que fue víctima del machismo y no tuvo a nadie que alzase la voz por ella. Por justicia, porque hoy en día aún hay mujeres que viven en sociedades absolutamente machistas y son despreciadas, mutiladas, violadas, maltratadas y asesinadas. Por proximidad, porque esas mujeres tienen nombre y apellidos, y muchas veces son los nuestros. Y por empatía, porque cada una de esas víctimas podríamos ser nosotros.

¿Solo por eso? Lamentablemente, no. Si nos vamos al último informe del Ministerio del Interior sobre delitos contra la libertad e indemnidad sexual en España, hay una clara predominancia de victimizaciones de sexo femenino y habitualmente el perfil del reo es masculino. O si analizamos el informe sobre homicidios en España publicado en 2018, una de cada dos mujeres asesinadas muere a manos de sus parejas o exparejas.

Tampoco olvidemos las desigualdades que todavía en 2019 existen entre hombres y mujeres en materias de empleo, salario, conciliación, hogar y poder, recogidas en la publicación Mujeres y Hombres de España realizada por el Instituto Nacional de Estadística. Por no mencionar otros ámbitos como el deporte, la ciencia o la cultura. Somos iguales ante la ley, sí, pero no ante los hechos.

Habrá quien con estos datos diga que se le quita importancia al resto de personas que son víctimas de abusos o crímenes, pero a mi parecer no es así. Es igual de espeluznante que se maltrate, se viole o se asesine a un hombre o a una mujer. Lo haga quien lo haga. Todos, hombres, mujeres y personas dentro del género no binario, podemos ser víctimas. También verdugos, no lo olvidemos. Pero reconocer ese hecho no debería negar el grave problema que supone la violencia de género per se.

También habrá quien alegue que estos documentos niegan que haya hombres discriminados en otros ámbitos por el hecho de ser hombres. Aquí el matiz es más complejo. Esa es una realidad de la que apenas se habla y que probablemente quede invisibilizada porque después de siglos de patriarcado, girar las tornas implica proteger a las más desfavorecidas históricamente. ¿Es justo para el hombre que es discriminado por el mero hecho de ser hombre? No, no lo es, como tampoco lo es ser discriminada por ser mujer en pleno siglo XXI.

Desgraciadamente, todavía a día de hoy las mujeres en el mundo cuentan de forma abrumadora con una serie de desventajas solo por el hecho de ser mujeres. También en España. Por ello el 2004 se aprobó por unanimidad de todos los partidos la Ley Orgánica de Violencia de Género. ¿Llegó tarde? Sí. ¿Gusta a todo el mundo? Obviamente, no.

Lograr un consenso entre todas las diferentes sensibilidades hacia una problemática como esta es una quimera. No olvidemos que cada uno de nosotros tiene su propio «mapa del mundo» y que nuestras vivencias y experiencias personales determinan de  manera muy profunda nuestra visión.

Está claro que es un tema arduamente complejo. Ojalá llegue el día en que ninguna persona sea discriminada por razón de sexo —o por cualquier otra razón— y todos podamos vernos unos a otros como seres humanos con igualdad de derechos y oportunidades.

Mientras tanto, desconozco si todas estas cuestiones aún existentes deberíamos considerarlas machismo, discriminación de género o sexismo. Pero lo que sí sé es que en este planeta que todos habitamos, la sombra del machismo todavía es demasiado alargada como para poder pasar página y dejar de luchar por la igualdad.

Si deseas aprender a desarrollar tus habilidades emocionales, puedes encontrar más información aquí



Noticias relacionadas

Deja un comentario

Botón volver arriba