Opinión

Reformas y cloacas

Es bueno o es malo ser “antisistema”? Si nos guiamos por el tono peyorativo con que este término se utiliza en los medios de confusión de masas, coincidiremos con los más, acríticamente, hipnóticamente, en que tal cosa debe ser mala, incluso malísima. Pero si el “sistema” en cuestión es ese que alardea de que a los jueces del Tribunal Supremo se les “toquetea por detrás”, objeto fácil ante los influjos del poder, y que además bate récords de corrupción, quizás conviene ser un poco “antisistema” ¿No creen?

No digamos si el tal “sistema” gestiona los EREs entre cocaínas y juergas varias a la mayor gloria del “socialismo” de la tercera vía.

Volvamos a hacer la pregunta:
¿Es bueno o es malo ser “antisistema”?

Respuesta más reflexiva y por tanto más razonable: depende del sistema.
Esa es la cuestión.

Conviene aclarar estos extremos porque cada vez se utilizan con más ligereza (casi siempre como arma arrojadiza) términos ambiguos, que salen muy baratos, como “antisistema”, “constitucionalista”, y por el estilo, guiados más por un ánimo de confusión y exclusión, que de búsqueda de la verdad. Tinta de calamar.
Por ejemplo:

¿No es (o deja de serlo) “constitucionalista” quien aspira a reformar la Constitución por considerarla imperfecta y por tanto mejorable?
O dicho de otro modo:
¿Solo es “constitucionalista” quien la considera impecable, inamovible y eterna?

El hecho de que dos de los partidos políticos más corruptos de Europa, PP y PSOE (el club crece), se autodenominen “constitucionalistas” ¿Favorece el prestigio de nuestra Constitución?

Son preguntas sencillas que conviene hacerse.

Y si del espejismo del rótulo oficial y las palabras hueras pasamos a referimos al ejercicio real del gobierno, hagámonos la siguiente pregunta:
¿Solo es posible un gobierno “estable” cuando este está constituido por partidos contrastadamente corruptos?
Y si así se sostiene, intentando convencer de tal absurdo a la ciudadanía:
¿En qué consiste o de qué naturaleza es esa “estabilidad”?
¿Cuanta más corrupción más estabilidad?
¿Basta que uno de los partidos que aspiran a coaligarse no sea corrupto, o incluso aspire a acabar con la corrupción, para que la “estabilidad” del gobierno se resienta? ¿Basta que los corruptos se coaliguen en “gran coalición” para que España tenga un gobierno estable?

¿No parece todo esto el mundo al revés y el lenguaje mero instrumento de engaño?

Otrosí se dice, por los lavadores de cerebros y manipuladores del lenguaje, que con PODEMOS en el gobierno será imposible llevar a cabo las “reformas” que se precisan.
“Reformas”, así, en abstracto, sin concretar. ¿Para qué dar más pistas?

¿Se han dado cuenta que cuando esta corriente ideológica (neoliberal) necesita utilizar la palabra “recortes” (recortes para sufragar los delitos de los poderes desregulados) la disfraza bajo la palabra “reformas”, que queda más bonita y aparente?

En el neoliberalismo como corriente ideológica, de la que por cierto España ha devenido fanática campeona y Europa escenario que hace aguas, confluyen tres cosas: dinero (plutocracia), cloacas (es decir el mundo de la delincuencia), y fascismo

La palabra “reformas” es una palabra pulsátil, martilleante, como esos espejuelos y abalorios con los que tantas veces se engatusa a los incautos. Bolita de trileros.

Está muy bien esto de las “reformas” pero ¿cuáles? Porque nunca se dice y las hay de muy distinto pelaje.
Las hay por ejemplo guiadas por el interés general. Y las hay impuestas por una minoría prepotente. De estas últimas son los recortes disfrazados y la desregulación económica a favor del delito, la explotación laboral y el abuso.

¿Recuerdan la reforma del artículo 135 de la Constitución perpetrada por Zapatero y su partido con el apoyo de Rajoy y bajo la severa mirada de los bancos alemanes, juez y parte? Pues es de estas últimas: de las impuestas por una minoría prepotente.

Yo entiendo que los españoles (así lo creo) no nos negamos a las reformas, incluso de la Constitución, pero habrá que saber cuáles son y en todo caso deberán ser decididas por todos los españoles, pues en ellos reside la soberanía -o eso nos dicen- y no por poderes ajenos, verbigracia los bancos alemanes.
Este principio democrático se conculca con la reforma del artículo 135 de la Constitución, inspirada por un despotismo deslustrado que roza y favorece la dictadura.

Queda la esperanza de que los ciudadanos reaccionan, casi con sincronía global, ya en muchos países, ante el intento de no contar con ellos para decidir esas reformas, es decir, ante el intento de seguir recortando sus derechos y hacer paripé de su soberanía.

Es ilustrativo, en el caso de Chile, la actitud de sorpresa y estupor de su clase dirigente (encabezada por su presidente) cuando se percatan de las consecuencias acumuladas de una política extractiva, generadora de desigualdad, mantenida durante años como dogma de fe. Algo parecido a cuando a un supuesto milagro se le descubre la tramoya del fraude y se viene con todos sus aparejos al suelo. Demasiado tarde se descubre que abusar de la paciencia de los ciudadanos tiene un límite.

Y sorprende también la velocidad con la que esos dirigentes descubren que las cosas pueden hacerse de otra forma (a favor del interés general), y no de la única manera que el pensamiento único les ordena: a favor de una minoría prepotente.

Ya veremos la reacción de la población francesa y los chalecos amarillos cuando Macron intente la “reforma” de las pensiones. Entre otras cosas subir la edad de la jubilación de los 62 a los 64 años.
Aquí somos más fáciles. También para esto de recortar las pensiones (nuestra hucha ya está vacía). Quizás porque nuestros sindicatos son más complacientes y dependientes del poder. Quizás porque aún no nos hemos dado cuenta de la gravedad de la amenaza a la que nos enfrentamos.

Aunque lo cierto es que la decepción con los sindicatos está bastante extendida (de ahí que surjan nuevas formas de reivindicación), y los sindicatos franceses solo se activan (parece) cuando ven que los chalecos amarillos se ponen en marcha y los ponen en evidencia.

Estos días han proliferado en nuestra prensa artículos de opinión (incluido el de un premio nobel  de economía, Joseph Stiglitz) que dan por fracasada la ideología neoliberal en su intento de globalizar su catecismo.
Y la verdad es que si miramos a nuestro alrededor, esa realidad que es tozuda y no se adapta a dogmas estériles, les dan la razón.
Lastima que algunos barones “socialistas”, afectos a esta corriente ideológica (neoliberal), no se hayan enterado aún de ese fracaso ni del sufrimiento que ha provocado ese dogma.

El País nos informa:

“Lagarde fue consejera de dos filiales de Baker y McKenzie en paraísos fiscales”.

Christine Lagarde es presidenta del Banco central europeo (BCE). La revelación de su relación con paraísos fiscales (en manejos similares estuvo metido Juncker) ¿Nos dice que estamos gobernados por delincuentes económicos o promotores de ese tipo de delitos? Yo diría que sí.

Lagarde y Juncker son gerifaltes de esta Europa nueva refundada –para trastornarse- en torno al dogma neoliberal. ¿Puede importarles el interés general de la sociedad cuando sobresalen por su habilidad en encontrar vías para el escaqueo fiscal y por tanto para la fractura social? Concluyan ustedes mismos.

¿Pero qué es ese neoliberalismo que a nuestro juicio es el verdadero “antisistema” en este mundo al revés y de palabras trastocadas?

Lean este otro titular:
“IBERDROLA contrató a Villarejo para infiltrarse entre ecologistas e investigar a un juez que bloqueaba una central de gas”.
Eso es “neoliberalismo”: dinero y cloacas colaborando en promiscuidad obscena.

Piensen ahora que este tipo de compañías, donde gobiernan las cloacas y que nos cobran unas facturas cada vez más ruinosas, son la gran puerta giratoria de la política española. Esas puertas giratorias de las que habla el informe GRECO para advertirnos de que la corrupción corroe nuestra democracia.

Busquen acto seguido entre sus consejeros y políticos enchufados (partidarios de las privatizaciones claro y quizás también de los paraísos fiscales) y encontrarán los nombres de no pocos de nuestros “padres de la patria”.

Algunos cobraron durante años por “aburrirse” en esos Consejos-Cloacas, según ellos mismos confiesan sin caérseles la cara de vergüenza. Se ve que tienen poca.
Como nadie paga a nadie por “aburrirse”, cabe suponer que esos pagos corresponden a otros servicios.

Y esos servicios prestados, que luego con las puertas giratorias se abonan ¿Serán acaso esas “reformas” que tanto gustan a los dueños de las “cloacas” y que tan poco benefician al conjunto de la ciudadanía?

¿Quieren seguir sabiendo algo más sobre la naturaleza del neoliberalismo?
Lean este otro titular:
“La recomendación de que los niños no coman atún llega veinte años tarde”.
La desregulación y el lucro como principios a los que todo se somete, incluida la salud de los ciudadanos.

Es obvio que al «sistema», al sistema este, se le están abriendo costuras por todos sus costados. Negarlo es temerario.
Sin entrar ya en ese gran costurón que supone tener y conocer unos límites ecológicos claros y precisos a nuestra imprudencia. Siendo esto así, hay que pensar que la actual coyuntura política, surgida tras la caída del muro de Berlín, donde el poder del dinero se impone al poder político democrático, no puede durar mucho más tiempo sin que todo se hunda en un piélago de cinismo amoral.

Analicemos ahora esta otra frase de El País que nos desvela un poco más de cerca esa naturaleza infame del neoliberalismo, tan cercana a las cloacas y tan próxima al fascismo. Se refiere al resultado de las elecciones democráticas en Portugal, y conviene subrayar lo de democráticas porque hasta ahora ese había sido el eje de nuestra civilización, salvo interrupciones anómalas y extemporáneas, como ocurrió en nuestro país durante cuarenta años con Franco. Dice así respecto a ese resultado democrático en Portugal:

“Provocó serias turbulencias en la zona euro en 2016, hasta el punto de que Berlín y otras capitales intentaron azuzar a los mercados contra Lisboa”.

Como ven a los mercados se les azuza contra el resultado democrático de las urnas como si fueran perros o lobos.
Léanlo una vez más para impregnarse del sentido de la frase y percatarse de la naturaleza de esa Europa “neoliberal” en la que Berlín y otras capitales azuzan mercados.

Ante esos canes, la democracia parece una presa fácil.

Conclusión:

En el neoliberalismo como corriente ideológica, de la que por cierto España ha devenido fanática campeona y Europa escenario que hace aguas, confluyen tres cosas: dinero (plutocracia), cloacas (es decir el mundo de la delincuencia), y fascismo.

Es decir, una mezcla explosiva. No se asombren por tanto de que sus efectos sean letales.

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