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Poldo, el zapatero ‘prodigioso’ de Mogarraz

Poldo es un vecino de Mogarraz convertido en todo un referente de la tradición artesana como zapatero ahora ya jubilado, encargado también de difundir el folclore y el baile charro

 

A punto de cumplir 80 años, Leopoldo Hernández, más conocido como Poldo, sigue desprendiendo una vitalidad «envidiable». Este vecino de Mogarraz se ha convertido en todo un referente de la artesanía y el folclore de la sierra que ha traspasado fronteras. Popular dentro y fuera de España por sus zapatos y botos camperos artesanos, cuenta cómo han llamado a su puerta grandes artistas, desde actores, toreros a políticos en busca de unos de sus zapatos de piel elaborados a mano.

 

Beatriz Jiménez/ ICAL.  Junto a sus hermanos, Poldo aprendió desde niño el oficio de zapatero de su padre, al que recuerda con cariño y define como «muy buen artista», además, asegura que les dio una buena educación; le enseñó a «trabajar bien y con honradez». Y en esa labor se especializó este vecino de Mogarraz conocido en el mundo entero por «trabajar bien y rápido», apunta él mismo.

En plena plaza de este pueblo de la Sierra de Francia, famoso por lucir los rostros de sus vecinos en las fachadas de las casas, vive Leopoldo junto a su mujer, Francisca Luis, otra «artesana singular» y «una joya», dice su marido, con la que ha formado «el tándem perfecto» para recorrer juntos su vida. Ambos se compenetran a la perfección y desbordan generosidad hacia todo el que se acerca a su hogar. Convertida casi en un museo, su casa, de esas como «las de antes», transmite serenidad y es el reflejo de toda una vida dedicada a la artesanía.

Leopoldo Hernández, conocido como Poldo, difunde la artesanía y el folclore Charro desde su pueblo serrano de Mogarraz

Poldo es especialista en zapatería campera y tradicional, aunque ha elaborado todo tipo de calzados y ahora también fabrica por afición castañuelas de madera, que «toca como nadie» cuando baila por los pueblos. Por su parte, Francisca cose y borda de forma espectacular los tejidos y las pieles de los bolsos, zajones e incluso el calzado. Impresionan los cosidos a mano, las cenefas y los bordados y remates en azabache de los zapatos. La mayoría son bordados típicos de la sierra que «cuentan con siglos de antigüedad», recogidos de sus antepasados, como explica Poldo, lo que hace que estas piezas «sean únicas».

Por sus paredes cuelgan diplomas y fotos como recuerdo de las visitas de personajes ilustres, toreros o «como aquella vez que el rey Juan Carlos y el príncipe Felipe acudieron a la sierra a cazar y posaron con él». También numerosos premios y reconocimientos por esa labor incansable en su contribución a la difusión de la artesanía y el folclore serrano, como el premio ‘Encina Charra’ o el nombramiento de ‘Serrano del Año’.

Zapatero artesano

En su pequeño taller aún permanecen las herramientas con las que su padre trabajaba ya en su oficio de zapatero y que él heredó. Desde las cuchillas, pestañas, hormas… Una acogedora habitación que le evoca con nostalgia a «esos buenos años» a la luz de las bombillas. Sobre esas maderas ha visto nacer sus zapatos, porque todo el proceso lo elaboraba de forma artesanal. Cogía la piel y la cortaba según la plantilla para hacer la pieza delantera, la trasera y las laterales y según remarca, «todo cosido a mano», porque con la máquina de coser «no hacía muy buenas migas».

Jesús Formigo / ICAL Leopoldo Hernández, conocido como Poldo, difunde la artesanía y el folclore Charro desde su pueblo serrano de Mogarraz.

Se confiesa un «fiel apasionado» de la zapatería y la artesanía, «ha trabajado siempre con mucha ilusión». Todos los tamborileros de Salamanca llevan sus botas, el mundo del campo y el toro «le conocen solo con nombrarle» e incluso artistas de toda España han solicitado su calzado. Pero lamenta no tener descendencia y que nadie recoja este legado «tan precioso» que a él le ha dado tantas satisfacciones en la vida, pero «se pierde todo».

Traspasando fronteras

Una vez que se casó con Francisca, se fueron a vivir a La Alberca y cuenta cómo allí cayó enfermo. Su columna se resentía mucho y «ese frío no era apropiado» por lo que decidieron comprar la casa en Mogarraz, donde instaló su taller. Aquí ha trabajado día y noche haciendo zapatos para los «trajes de vistas» de la sierra, para bodas y sobre todo para tamborileros y toreros. Botas altas y bajas, botos camperos, zapatos de baile charro, zajones, bolsos… Dice que las pieles de importación no tienen nada que envidiar a las «de casa», el curtido y la calidad «como se curtía antes, no es comparable».

Jesús Formigo / ICAL Leopoldo Hernández, conocido como Poldo, difunde la artesanía y el folclore Charro desde su pueblo serrano de Mogarraz.

Poldo llegó a fabricar hasta dos pares diarios y de eso, como dice apenado «le vino lo de la espalda». Le han llegado a operar hasta en diez ocasiones y ha superado un infarto, aun así a pesar de los «cacharros» que como él sostiene, tiene metidos en su cuerpo, ahora no deja de bailar. Ha trabajado para empresas de México e incluso para las mejores zapaterías de España y Madrid. En ese sentido, explica que en la madrileña calle Serrano, en la tienda de los ‘Pequeños Suizos’ les enviaba 200 pares de botos todos los años. «Así podría enumerar muchas más…».

Hace 40 años la televisión de Holanda se desplazó hasta Mogarraz para hacerle un reportaje y detalla que todos se llevaron unos «botos» suyos. Guarda con «orgullo» las cintas que le enviaron de recuerdo y aún mantiene el contacto con «el jefe» por Navidad. Sorprenderá que hasta esta Sierra de Francia se hayan desplazado muchas compañías para rodar películas en La Alberca, según explica este vecino, que recuerda una francesa donde trabajó ‘la Pocha’ y a ella precisamente le hizo unas «botas preciosas», así como también al actor que encarnaba el papel de Curro Jiménez, como alude.

Ejemplo de superación

Jesús Formigo / ICAL Leopoldo Hernández, conocido como Poldo, difunde la artesanía y el folclore Charro desde su pueblo serrano de Mogarraz.

Tal fue su devoción y dedicación a este oficio de zapatero, que confiesa haber pasado jornadas de hasta 20 horas en su silla, para terminar los pedidos de botas. Y ese «esfuerzo» cuenta, le pasó factura a su espalda, que «se partió en dos». Hace años tuvo que ser operado y pasó por quirófano hasta en diez ocasiones. Durante cinco años estuvo retirado de todo este mundo y salió «sin ser persona» del hospital, dependiendo de su mujer para todo.

Su tesón y fuerza de voluntad le hicieron superar ese bache. Leopoldo se propuso salir «del pozo» y recuperar su vida. Fue ahí cuando empezó a tocar las castañuelas como terapia. Durante dos años acudió al servicio de rehabilitación hasta Salamanca, desplazándose en ambulancia. Pero lo de las castañuelas sostiene que fue «culpa de un amigo», que se presentó a visitarle con unas castañuelas y le propuso utilizarlas como rehabilitación y así cada día se iba al monte para ejercitar sus manos y sus brazos. Ahora «no hay quien le gane a desparpajo tocando».

Como jubilado, «aunque no para» entre unas cosas y otras, fabrica castañuelas y gaitas de madera, pero sobre todo dedica su tiempo a organizar y participar en actividades relacionadas con el folclore y baile charro, por lo que es «todo un referente prodigioso» en este campo. Pero sin duda, Poldo es un ejemplo de superación ante las adversidades, de ilusión y tesón por aquello que le apasiona y por seguir luchando para caminar por la vida, con «sus zapatos» hechos de corazón.



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