Opinión

Abalorios y mohines totalitarios

Vaya por delante algunas premisas que ningún racionalista ecléctico debe obviar. Que comunistas -y si me apuran socialistas españoles de nuevo cuño- provean lecciones de democracia, constituye un sarcasmo. Cuando Sánchez afirma que al PSOE nadie da lecciones de constitucionalismo, escarnece la inteligencia nacional. Quienes entablan una disputa épica por resultar campeones en ocuparse del ciudadano, necesitan humillar su irreverencia. Atribuir a Vox etiquetas de ultra ultra o extrema derecha mientras se extractan dos siniestras (una socialdemócrata farisea y otra a su izquierda), deja cierto hedor a podrido en el espacio político. La radicalización social se debe a estrategias electorales cuyos autores ocupan el recelo del común. El centro, ladeado a un lado u otro (PP y PSOE), ha muerto en su propia inoperancia. Sin embargo, quedan importantes reminiscencias bipartidistas, Podemos (interesado solo en “coger cacho”), cada vez más menesteroso pese a la “pedrea” obtenida por debilidad conjunta y Vox que puede dar grandes sorpresas. Ciudadanos sigue atesorando errores letales.

Aparte el retorcimiento semántico -que origina desconcierto y confusión- como eje central en procesos abiertos de ingeniería social, existen dos realidades antagónicas e irreconciliables: la objetiva y la formal. Aquella es propia de investigadores, sabios, científicos, adscribiéndose también a ella individuos dotados de capacidad crítica y sentido común. Esta viene atesorada exclusivamente por políticos bastardos que renuncian a la ética sin exhibir otra alternativa que servirse del erario público. Suelen estar bien acompañados por comunicadores expertos en acompasar la farsa a los ritmos marcados desde determinados centros de poder. Me causa perplejidad, verbigracia, que se utilice, para contrarrestar ese afán irredento de la izquierda por manipular mentes colegiales, el argumento redundante de que dicho escenario era común en tiempos de Franco. Sí, pero formalmente el franquismo era una dictadura y el sanchismo (valga la expresión) formalmente es una democracia. Mediten, al efecto, la disparidad entre entorno objetivo y formal.

Abalorio, según el DRAE, es objeto de adorno vistoso y generalmente de poco valor. Sánchez, escoltado por un grupo numeroso y silente, sacia al personal enseñándole aderezos coloristas con ánimo de dejarlos indefinidamente dentro del escaparate. Se comporta, sin ninguna duda, como un estadista virtual cuyos proyectos, ingentes, colosales, faraónicos, son puro abalorio. Al final, hará hincapié solo en el cambio climático; hipótesis que necesita siglos para constatar su crédito o desacierto. Ninguna otra medida “cumbre”. De momento, y a tenor de globos sonda lanzados sobre retoques en el código penal para adaptarlo a Europa, se prepara un indulto encubierto a los responsables sediciosos. Siempre, las evidencias superan cualquier intento de difuminar temas espinosos. El adoctrinamiento en Cataluña y País Vasco ha hecho desaparecer a la derecha del panorama autonómico, pero PSC y PSE dejarán en esas mismas gateras muchos pelos del PSOE a nivel estatal. No se puede estar en misa y repicando. Los independentistas y sus aliados tienen mal encajamiento en el resto.

Signos generales de última hora presagian serias dificultades económicas en nuestro país. Sin embargo, el gobierno raptado, ebrio, realizará un exceso notable del gasto público. Ello le llevará a engrosar el PIB, pero también déficit y deuda. Está aprobada una subida en pensiones del cero nueve por ciento complementada, asimismo, este martes con el dos por ciento de mejora a funcionarios. Tal marco, propiciará desequilibrio financiero pese a que la ministra Montero ya ha anunciado que “hay margen para nuevos impuestos”. ¡Echémonos la mano al bolsillo! porque estos figurantes subirán los impuestos a trabajadores y pensionistas. Aumento de pensiones o sueldos y fiscalidad se alzarán en parecido porcentaje, perdiendo poder adquisitivo, mientras sufrimos el timo del tocomocho. Veremos en qué queda la tan cacareada subida del salario mínimo interprofesional (SMI) y la aventada derogación o reforma de la presente Ley Laboral.

Creo que Sánchez podría representar al prototipo divulgado por Hannah Arendt sobre la banalidad del mal

Creo que Sánchez podría representar al prototipo divulgado por Hannah Arendt sobre la banalidad del mal. Tomando como modelo a Eichmann (asesino de judíos), su tesis asegura que la maldad extrema -materializada en el nazismo- no implica que haya monstruos ni afectos a una crueldad ilimitada, sino burócratas que banalizan sus actos bajo una orden suprema de origen jerárquico o psicológico. Nuestro presidente, en su andadura política, incluso antes de romper aguas gubernamentales, ya empezó banalizando el mal haciendo pactos con quien infringe la ley y quiere fragmentar el país. Ignoro si gobernar en coalición con comunistas (izquierda extrema), acordar pactos con independentistas y chanchullarse con Bildu, son la consecuencia directa de una torpeza supina, efecto lesivo por perfidia de filiación voraz o si, por el contrario, se ajusta a un caso límite de banalidad del mal que detallaba la señora Arendt.

Con todo, lo peor no es que se vaya a modificar el Código Penal como pago de favores personales, ni que se gire la puerta para colocar a la señora Delgado fiscal general, tampoco que miembros del gobierno den su aquiescencia a dictaduras criminales y menos que se digan chorradas, lo definitivo es que los políticos catalanes se obcecan en la independencia y exigen ese final para iniciar cualquier diálogo. Se evidencia también un afán “anormal” de controlar todas las Instituciones del Estado; anormal, en quien dice respetar y defender el sistema democrático. Estas dos anomalías son alarmantes. “Tendremos de enemigos a togados con ideología reaccionaria, pero los pararemos con la energía de la ley”, Pablo Iglesias dixit. Por lo que se aprecia, cualquier togado amigo es bien acogido en la casa del padre. Bravucona amenaza de un miembro destacado del gobierno hacia el poder judicial y hacia la democracia. ¿Es normal este desplante en un individuo que se autodefine demócrata? No, el hábito no hace monjes.

Casi cuarenta y un años de docencia real en colegios públicos me concede autoridad moral para hablar de educación. Primero, no existe escuela pública en tanto no haya pacto por la enseñanza acordado por todas las fuerzas políticas. Mientras, habrá escuela de partido y, por tanto, oportunista y adoctrinadora. Segundo, un alto porcentaje de los que hablan de escuela pública con encomio (casi siempre progres, que conocí en mis buenos tiempos) suelen llevar a sus hijos a centros concertados o privados. Tercero, el currículum básico del ministerio no puede recoger talleres o actividades diversas impartidas por personal ajeno al cuerpo de profesores. Cuarto, el adoctrinamiento ideológico es frecuente en los sistemas educativos implantados por la izquierda, siguiendo los consejos ideológicos de Gramsci. Dos notas al margen. La izquierda emplea una epistemología constructivista en las área troncales y cognitivista en las relativas a formación moral (de incumbencia familiar), como ocurre con la embarazosa educación para la igualdad. De esa y otras incoherencias surge el mal llamado “pin parental”. Un consejo para la señora Celaá. Si quiere saber a quién pertenecen los hijos lea el articulado sobre derechos humanos o compendios social-filosóficos a excepción de alguno marxista-leninista-stalinista.

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