Opinión

Carta abierta al alcalde Carlos García Carbayo

 

Los abajo firmantes han sentido la necesidad de dirigirse a Vd. con el fin de exponer sus inquietudes sobre la política de seguridad vial municipal bajo el punto de vista del usuario peatonal y, como consecuencia de dicha exposición, proponer una serie de sugerencias para mejorar un aspecto de las relaciones ciudadanas que no dudamos que es una de sus mayores preocupaciones en el día a día de su gestión municipal, a juzgar por el hecho de elaborar un Plan de Seguridad Vial que opta al Premio de la Unión Europea.

 

Aunque esta necesidad de ser escuchados como ciudadanos de a píe, tomando esta expresión en su sentido más literal, se nos ha manifestado en muchas ocasiones, lo cierto es que ahora ha existido un detonante, desgraciadamente, que nos ha impelido a dar el paso que llevamos a cabo mediante el presente escrito.

El jueves 19 de diciembre de 2019 se produjeron tres atropellos de peatones en el tramo de la calle Rodríguez Fabrés entre las de Gil de Ontañón y Valencia, es decir, dentro de un ámbito inferior a los 60 metros de longitud.

Los tres tuvieron lugar durante el trayecto del viandante atropellado por sendos pasos cebra en el centro de los mismos y en un lapso de tiempo inferior a una hora en torno a las 8 de la tarde, como podrá comprobar por los atestados de la Policía Municipal. Ésta acudió a instancias de algún ciudadano después de los dos primeros atropellos, que sucedieron en la misma calle Rodríguez Fabrés, mientras que el tercero, que ocurrió en el paso de Gil de Ontañón paralelo y contiguo a Rodríguez Fabrés, se produjo mientras la patrulla de la Policía Municipal realizaba los atestados de los dos anteriores, lo que convirtió a los agentes en testigos cualificados.

El de consecuencias más graves fue el segundo atropello, cuya víctima fue un hombre mayor, al ser volteado por encima del vehículo, lo que le produjo varios golpes, el peor de los cuales ocasionó la rotura de una muñeca.

Cada uno de estos atropellos se produjo bajo la incidencia de causas concretas, pero no las vamos a detallar porque estarán reflejadas en los atestados y porque nos interesa mucho más señalar que dichas causas son consecuencia de deficiencias estructurales en el funcionamiento de los flujos rodados y peatonales en el barrio de Labradores (que puede entenderse como paradigma), en particular los siguientes:

  1. El barrio de Labradores es un enclave urbano de uso predominantemente residencial de muy alta densidad de población que se fue formando entre las décadas de los 60 y 80 del pasado siglo a través de una fuerte componente especulativa, especialmente como consecuencia de actuaciones con un claro abuso del aprovechamiento urbanístico del suelo en las actuaciones que se sucedieron principalmente durante los 15 años que transcurren entre 1960 y 1975, realizadas con la anuencia municipal y, como se demostró después, vulnerando los límites del Plan General vigente desde 1963.
  2. Este proceso dio lugar a la aparición inevitable de un constante flujo peatonal generado en el propio barrio, el cual se complicó paulatinamente en la misma proporción en que se generalizaba el uso del vehículo privado y la implantación de servicios en forma de negocios privados comerciales, administrativos, hosteleros, etc. junto con focos de actividad ya existentes, como el mercado de San Juan. Estos servicios servían y sirven actualmente tanto a la población del propio barrio como a la externa, debido a su centralidad y la facilidad de acceso desde las importantes vías perimetrales. Por tanto, el barrio genera flujo de tráfico en ambos sentidos de alta intensidad, en especial en la horas centrales del día (de 9 a 21 horas), mientras que en el horario nocturno disminuye drásticamente, quedando siempre un gran número de aparcamientos vacíos.
  3. La demanda cada vez más numerosa de aparcamiento de vehículos ligeros debido a la situación central del barrio y a los servicios generales que este ofrece se complica con la necesidad de espacios para carga y descarga diaria de las mercancías que requieren estos servicios, coincidencia que, unida al tráfico de paso que busca atajos a través del barrio, determina un cierto caos circulatorio prácticamente todos los días de la semana.

La necesidad perentoria de la descarga de artículos y la falta de lugares para ello porque no existen o porque se encuentran ocupados por turismos fue la causa directa de al menos uno de los atropellos, al haberse ocupado por un camión de reparto la acera de la esquina entre Rodríguez Fabrés y Gil de Ontañón de forma que, aparte de bloquear completamente dos pasos cebra, impedía la visibilidad a los vehículos que pretendían salir desde Gil de Ontañón a Rodríguez Fabrés.

Como conclusión, entendemos que sería necesario adoptar medidas de varios tipos:

  1. a) Control y vigilancia del tráfico de vehículos. Es evidente que la Policía Municipal tiene, no solo la obligación de acudir a la llamada de alguna persona después de producirse un atropello, sino que debería, sobre todo, tratar de evitarlo. Para ello tendría que controlar las invasiones continuas de los espacios de circulación peatonal, tanto las aceras como los pasos cebra, con actuaciones de vigilancia y sanción de los infractores. Es decir, imponer la disciplina que demanda la existencia de un espacio de circulación conflictivo como es el barrio de Labradores a determinadas horas.
  2. b) Planteamiento de alguna mejora en el diseño de las circulaciones y de la distribución de los espacios estáticos para los vehículos, por ejemplo, contemplando la posibilidad de que Gil de Ontañón tenga sentido único, recuperando el espacio general más como una plaza al menos parcialmente peatonal que como un lugar diseñado exclusivamente al servicio del automóvil y así se evitaría la constante disposición de los coches en doble fila.
  3. c) En cuanto al aparcamiento, establecer las prioridades que determinan los husos horarios de los distintos servicios del barrio, siendo rigurosos en preservar en determinadas horas los espacios existentes de carga y descarga, de modo que no tengan que recurrir a la invasión del espacio peatonal, además de la creación de más espacios para fines comerciales y de asistencia a los negocios si fuera necesario. Como complemento, debería limitarse el horario de carga y descarga tal como ocurre en las zonas peatonales del centro.
  4. d) Disposición de defensas físicas de los lugares de cruce de las calzadas por los peatones, utilizando prioritariamente vallas en lugar de bolardos, debido a que estos últimos son muy peligrosos para las personas ciegas o de baja visión.

Complementariamente, deberían adoptarse medidas de carácter general, que suponemos que ya estarán incluidas en el Plan de Seguridad Vial que pretende ser premiado, entre otras una campaña de sensibilización para el conductor medio y para todos aquellos usuarios del llamado “transporte personal” (bicicletas, patinetes, motos, etc.) en el sentido de que deben asumir que el espacio peatonal es inviolable, porque se dispone para preservar la seguridad de los ciudadanos más vulnerables que son en general los que van a píe, incidiendo especialmente en que, dentro de este colectivo, se encuentran personas de vulnerabilidad aún mayor, como los ancianos y ancianas y las personas discapacitadas de cualquier tipo, con especial mención a la necesidad de respetar a aquellas que además llevan un distintivo que los identifica, como el bastón blanco para la ceguera y la baja visión y el blanco y rojo de la sordo-ceguera, desgraciadamente muchas veces despreciados en aras de la obsesión de pasar lo más rápidamente posible que constituye una actitud muy extendida entre los conductores de cualquier vehículo con ruedas.

Esta misma actitud generalizada de pasar a toda costa debería ser objeto de reflexión por parte del Ayuntamiento en relación con los semáforos intermitentes cuando simultáneamente se abre el paso para peatones.

Dentro de la posible campaña de sensibilización de los usuarios de vehículos, debería incluirse que su actitud debe ser dejar pasar al peatón sin iniciar ningún movimiento con el fin de no acosarlo, porque no se trata de que el semáforo se convierta en un paso cebra, sino que debe tenerse en cuenta que la luz verde es solo para el peatón.

De todas formas, el Ayuntamiento debería reconsiderar la intermitencia en aquellos semáforos en los que el flujo peatonal sea muy intenso, como los de la Plaza de España, por ejemplo, en primer lugar, para preservar la seguridad del peatón (el rojo determina inevitablemente una actitud distinta en el conduce que el intermitente) y además, porque en algunos semáforos es tan denso y continuo el paso de peatones que coincide con todo el tiempo dispuesto para ello.

Por último, debemos señalar un detalle más, pero no menos importante para el barrio que ha sido el motivo principal de este escrito: una de las salidas peatonales del barrio más importantes es el semáforo que sortea la avenida de Mirat por la Puerta de Zamora (gasolinera); el mismo los días de diario cuenta con 27 segundos para que cruce (con uno de los carriles intermitente) un flujo muy intenso de personas que muchas veces tiene que atravesar sorteando toda clase de vehículos, incluidos autobuses urbanos, porque la última versión de la glorieta de la Puerta de Zamora es un auténtico desastre.

Es muy poco y arriesgado tiempo, pero, no contento con esta restricción, el Ayuntamiento que Vd. preside, los fines de semana restringe a 22 los segundos de paso, algo absolutamente inexplicable cuando hay menos tráfico rodado y la gente sale a pasear a píe en principio para pasar el sábado y el domingo de forma lúdica y relajada. Este mismo y simpático criterio rige para la mayoría de los semáforos de la avenida de Mirat.

Como esta carta es abierta, rogamos a los peatones habituales que la lean que en la ciudad de Salamanca, que opta a premios de seguridad vial en Europa, no descuiden por favor la atención y las precauciones para ejercer su derecho a ir andando porque en cualquier momento pueden sufrir las consecuencias. Buena suerte.

Carlos Marcos Orejudo, sordociego y vecino del barrio Labradores


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