Opinión

Así planchaba que yo lo vi

 

Según el último estudio que me acabo de sacar de la manga, se ha extendido de común acuerdo entre la comunidad científica planetaria la idea de que sabemos sacar un mejor rendimiento de las características operativas de los electrodomésticos que de nuestras propias magias humanas. Peor con lo propio que con lo ajeno.

 

Parece ser, basándome en las afirmaciones que arrojan esos imaginarios datos procedentes de esas inexistentes experimentaciones, que no nos hace falta comprar dos planchas de planchar iguales para testar la mecánica de uso que nos permita prolongar y maximizar su vida útil, si bien de hacerlo así, conoceríamos el mejor rendimiento antes de proceder con cualquier inversión económica futura reduciendo el impacto correspondiente al coste de reposición de dichos aparatos en nuestras arcas patrimoniales. Está clarísimo…

No se ahonda en la técnica de planchado, allá cada cual con sus artes. Que si sumisamente porque no gustar pero no más remedio quedar, que si buscando estricta precisión en la raya de la manga, que si soslayadamente por encima al afrontar la ingobernable sábana bajera ajustable, que si con música para amansar la arruga, que si ya que vamos a estar un rato sobre la tabla nos ponemos un Gin&tonic, etc.

¿Qué sentido tiene todo esto? El mismo que buscar en google aquel dato que no necesitas en ese momento pero hace arder tu cerebro por dentro hasta que consigues decirte “era eso, si ya lo sabía yo”. Volviendo a los eléctricos domésticos, te recuerdo el supuesto, tenemos dos planchas idénticas a estrenar, procedamos pues a conectar una a la mínima potencia al tiempo que ponemos en marcha un cronómetro para peritar el tiempo que tarda en dejar de funcionar.

Con la otra, hagamos como dicen los médicos cuando tienen buenas noticias que dar, vida normal, es decir, la enchufaremos tras recoger la ropa del tendal. Se recomienda que ésta conserve aún un punto de humedad para facilitar la labor de puesta en escena apropiada al descolgar la prenda en cuestión de la percha suspendida de la barra del armario. Si tienes mucha pasta, puedes llamarlo vestidor. Actúa con la generosidad que requiera la tarea, no te ahorres watios, si hay que forzar la máquina, fuérzala.

Análisis. Entiendo que no tienes dos planchas iguales y que tampoco has ido a tu tienda amiga a comprarlas, bien por ti. Partimos por tanto de los mismos elementos, disponemos de idénticos medios y quizá compartamos la estrategia para la comparación. Veamos si también llegamos al mismo puerto ante la gran pregunta. ¿Cuál crees que duraría más y mejormente?

Conclusiones. Si crees que conectada al mínimo vivirá más que al máximo cuando haga falta, debes saber que a pesar de no tener manera de demostrarlo, estoy en desacuerdo contigo. Si crees lo contrario, ¿qué te parece aplicarte el cuento a tu misma mismidad?

Ya sabes, eso de entregarse cuando toca, guardar cuando no hace falta, prestarse a lo que sí, olvidarse de lo que no…

Moveyourself. 

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