Opinión

Salvados por el arte

 

Llevamos ni sé ya cuántos días encerrados, sabedores de que debe ser así, pero con el cansancio inevitable y la consecuente sensación de hartazgo por la pérdida de libertad. Así todo es más complicado y no son de extrañar los episodios vesánicos que comienzan a darse de cuando en cuando. El ser humano, sin embargo, por enorme que sea la tragedia, buscará siempre esperanzado una salida que le salve.

Lucía, que estos días estudia arte desde su reclusión en Valladolid, me regala una cita de Van Gogh muy al gusto de su edad y que, en las circunstancias actuales, me ha hecho reflexionar al respecto: «El arte es para consolar a aquellos que están rotos por la vida». A ella le está sirviendo el arte para vencer la opresión de esas cuatro paredes que cada día se le estrechan más. Todo nos oprime. Cada jornada que transcurre, más. Confiesa Andrés Alén, el pintor, que «se le está acabando hasta el paisaje» al mirar por la ventana de su encierro trastormesino.

Necesitamos perentoriamente la evasión. Mi amiga Lena, profesora vocacional de Literatura, promueve sus «coronaversos contra el coronavirus» para llevar a sus alumnos el consuelo desde la poesía. «La poesía es un arma cargada de futuro», recuerda citando a Gabriel Celaya mientras me envía ese poema de Altolaguirre, «Sin libertad», que comienza con un canto épico a la esperanza: «Ya que no puedo ser libre / agrandaré mis prisiones». Y es que a veces un verso, tan solo un verso, puede trocar la angustia en promesa de salvación. Mathias Goeritz, el artista polifacético que pasó unos años en España tras huir de la Alemania hitleriana, llegó a entender el arte como una «oración plástica», capaz de elevarnos hacia lo trascendente, porque solo en lo que trasciende podemos encontrar la salvación.

Sí, es verdad, con la lectura de un poema, al escuchar una pieza musical o contemplar la obra de arte, salimos de nosotros mismos y entramos en otra dimensión, la de la belleza. Aunque el «cantar vuelva a plañir» una y otra vez cuando sabemos y sentimos del dolor en las afueras, siempre quedará el alma reconfortada, porque la belleza nos puede salvar. Comentaba con el citado Alén, en una de nuestras conversaciones sobre lo mundano y lo que le supera, ahora solo telefónicas, qué remedio, que el arte, si es verdaderamente arte, busca la trascendencia, que no es otra cosa que ir más allá de lo inmanente.

En este sentido, Schopenhauer, aun dentro de su pesimismo, valoraba la importancia de la belleza creativa. A fin de cuentas, venía a decir, solo el ser humano es capaz de trascender en la contemplación estética, hasta el punto de que lo bello puede alcanzar el rango de sublime. «El arte puede reproducir las ideas eternas por medio de la contemplación». Por ello, en estos tiempos de presidio sin delito ni condena, el arte y la belleza surgen como luz entre tinieblas que apacigua los anhelos de la libertad.


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