Opinión

Valor

 

Quizá te suene el Conde Lucanor. Una especie de Quijote, “paisano” mío de la ribera del tinto que como éste, tenía como lugarteniente y consejero a un sensato y sesudo hombre sencillo, Patronio.

 

Patronio le proponía fábulas, analogías. Una manera muy convincente de aprender acerca de algo concreto sin mencionar ese algo, para que todo aquel que se encuentre con ella pueda hacerla suya. Una que me gustó mucho, y que con el tiempo me he dado cuenta de que hice mía es la de los tres caballeros que se discutían quién era el mejor y más hábil. Nos viene al pelo en este proceso de rappel en que nos encontramos.

Los tres discutieron decía, como resulta previsible sin acuerdo. Se probarían en la práctica. Marcharían hasta la mora Sevilla. No fueron atacados ya que al ser solo tres, los vigilantes los tomaron por correos. Una vez allí cumplieron con su propósito, golpear el portón con las puntas de sus lanzas, hecho lo cual, comenzaron su cabalgada de vuelta junto a su ejército.

Los musulmanes, humillados, salieron tras ellos. 1.500 jinetes y 20.000 infantes nada menos. Al sentirse perseguidos, los tres caballeros volvieron sus monturas contra los enemigos y los esperaron. El primero de ellos se lanzó contra las huestes de Sevilla luchando con bravura. Al aproximarse más, el segundo también los enfrentó. El tercero seguía sin combatir y solo empuñó su espada cuando fue atacado. Todos lucharon con heroicidad y valentía.

Desde el campamento cristiano vieron la desproporcionada batalla de tres contra 21.500 y acudieron en ayuda de los suyos. Incluso el Rey Don Fernando se puso al frente de su tropa, tan épica fue la trifulca. Una vez terminada la contienda, victorioso, mandó prender a los tres caballeros, sorprendentemente solo portadores de numerosas heridas, considerando que merecían la muerte por haber provocado tal locura, hacer que todo el ejército entrase en combate. Convencido por sus capitanes los liberó y supo de la discusión previa, a la que sumó a todos los nobles.

De haber sido más pequeño el enemigo, podían haber vencido solo con el valor y esfuerzo de los tres caballeros, así, el primero sería el mejor por comenzar algo que podría ser acabado, al ser tan grande el rival, entendieron que el primero no atacó por valor, sino por vergüenza. El segundo en atacar supo dominar más su miedo, pero concluyeron que la valentía radica en no dejarse dominar por el temor y al ser el último quien esperó a ser atacado para responder, sería el más valiente de los tres.

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