Opinión

Un aniversario de collage

 

Hoy se cumplen los diez años. El 15 de mayo de 2010 se bendecía el retablo de la iglesia de San Andrés. Había sido un encargo de la Cofradía de la Oración del Huerto para exponer al culto sus imágenes. Este hecho, que en su momento tuvo una resonancia aceptable, no ha sido valorado después en su auténtica trascendencia. Para una ciudad tirando a pequeña, muy conservadora en todo lo referido al arte religioso, la inclusión en el templo carmelita de un retablo con estas características fue todo un hito. Aunque parezca mentira, desde hacía casi medio siglo en Salamanca no habíamos asistido a un acontecimiento equiparable. Alguna cosilla hubo, sobre todo en arquitectura, pero no semejante.

 

Durante los años cincuenta y sesenta Salamanca estuvo en sintonía con la vanguardia del arte español. El grupo Koiné dejó su impronta y asistíamos, por entonces, a los años dorados de la Escuela de San Eloy, el  Casino y el Ateneo, que coincidieron con una crítica cualificada encabezada por Navarro Cruz y Casanova. Fueron varias coincidencias y al final todo repercutió en una apuesta decidida por el arte del momento. En la ciudad surgieron iniciativas muy interesantes y la Iglesia diocesana no se quedó atrás.

Aunque resulte paradójico, por aquellos años, con muchos menos recursos, se levantaron templos bastante interesantes en lo arquitectónico y con mucha calidad en la escultura y pintura. Hubo mentes preclaras que sabían lo importante que era llevar también el aggiornamento a la transmisión del mensaje por medio de la imagen. El contraste con las décadas siguientes fue brutal. Iglesias inanes, como si lo sencillo necesariamente hubiera de ser cutre, imágenes y pinturas seriadas o de pésima calidad… menos mal que algún cura con buena cabeza supo rescatar al menos, de entre las telarañas, alguna imagen antigua con la que dignificar los eriales creativos en que estaban convirtiendo los nuevos espacios destinados al culto.

Por eso, el retablo de la Oración del Huerto, cuya pintura se encargó a Andrés Alén y la realizó mediante su peculiar técnica del collage, supuso una bocanada de aire fresco. Tanta mediocridad, tantos atentados contra el buen gusto y repetición de fórmulas ya agotadas siglos atrás… Parecía que por fin alguien ponía un poco de cordura y demostraba que con los criterios del arte actual se podía satisfacer la demanda del culto aportando calidad y novedad.

El retablo, desmontado en estos días por las obras de restauración del templo, dio pie a creer que la ciudad emprendería un nuevo camino para el arte religioso, pero no fue así, quedó en fogonazo. No fue el principio de nada. Todo siguió igual, porque sacar de donde apenas hay resulta baldío. De vez en cuando surge algún chispazo, pero sin continuidad. De ahí la conveniencia en este día de recordar y celebrar, también reivindicar, que hace diez años una cofradía humilde, la del Huerto, y una orden religiosa, los carmelitas, creyeron que un cambio de rumbo era posible, arriesgaron y en su parte acertaron.


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