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Opinión

La vacuna y la churrería de la Moncloa

 

Sigo sin entender cómo, en el inmueble sanitario de la avenida Portugal, no se han tirado cohetes, mientras el padre putas y su camarilla le hacían un pasillo a la vacuna que por fin llegaba a Salamanca. Era muy temprano y no podía entender el despliegue de tanta policía a las puertas del edificio de Sanidad.

La prisa me obligó a no meter la nariz en tan espectacular escena para entender lo que ocurría, pero, mira por dónde, me convertí de repente en uno de los escasos testigos que veíamos cómo llegaba por la puerta de atrás la vacuna a nuestra ciudad. ¡Ostras!, en taxi y en un cajón portado por una enfermera escoltada, por… otra enfermera.

Después de varios paseos por las puertas cerradas del trasero sanitario, apareció al fin alguien para indicarles donde estaba situada la puerta grande para tal recibimiento.

Claro que lo mismo aquel cajón, portado con tanta diligencia y nerviosismo, no tenía que ver nada con la vacuna, aunque es difícil imaginar que su contenido fuese el rico bombón helado que se anunciaba en los intermedios de las sesiones continuas de los cines cuando el aire acondicionado ni en sueños existía.

Fuese la vacuna, o no, lo que contenía la cajonera, recordé la enésima horterada propagandística que nos han montado para maquillar el terrible maremoto que socava la poca inteligencia ciudadana que nos queda.

Y es que me revelo contra esa memoria cíclica que nos educa en la recuperación constante de un dictador y una guerra que se aleja en la distancia, mientras que se ceba la pretensión de que, agilipollados, no recordemos lo que ha pasado hace cuatro días.

Oye tú, que tenemos en el tanatorio de las querencias cerca de 70.000 muertos que multiplicados por una media de 5 familiares dolientes y sumados los millares de enfermos que sufren las secuelas del maldito bicho, nos obliga a caer en la cuenta de que no hay olvido que borre las meteduras de pata y las ridículas comparecencias gubernamentales, donde los expertos (tiene coña la cuestión) eran patraña propia de un vodevil de escasa clase.

La pandemia, seguramente con otro gobierno de distinto pelaje, habría causado los mismos estragos, pues las penurias sanitarias venían cantando, desde hacía tiempo, alarmantes deficiencias. Por otro lado, países como Alemania o Inglaterra andan con palos de ciego como nosotros, pero tener tragaderas para olvidar la desfachatez informativa y las contradicciones de este gobierno es ya un ejercicio de aceptación imposible.

Adquirir la vacuna que puede hacer frente al monstruo asesino, es una simple obligación, mientras que alardear, con pegatinas cutres en las cajas que la contienen, es el enésimo argumento ramplón que, generado en la churrera de la Moncloa, empieza a dar grima.

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Un comentario

  1. Te sigo, querido amigo, porque estoy prácticamente de acuerdo con tus ideas y forma de expresarte. Me alegra ver a personas valientes que no han sucumbido a los dictados «moncloistas». Sé que hay muchas personas que pensamos igual o parecido, pero en este nuestro País, hay demasiada conformidad incluso con tantos muertos y enfermos, lo que me parece inverosímil. Tenemos, como dices, unas tragaderas impresionantes y un aborregamiento increíble. Así nos va!!!

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