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Opinión

Silenciándonos

 

Entre los campos de los Arapiles y las peñas de Calvarrasa de Arriba, hay un pequeño valle, con sus charcas y un breve regato, cambiante en sus colores según las estaciones. Gozan por allí los patos, los jilgueros, cantan las ranas a su tiempo y algún que otro conejillo corre asustado al verte en el sendero. Pero lo que define este lugar es un profundo silencio que solo algunas tardes el atrevido viento lo rompe con sus vuelos.

Olvidado entre semana pateo este paraje casi todo los días entre ausencias vivientes y presencias olvidadas. Me limito a respirar profundamente, a percibir las distintas tonalidades de la luz, a imaginar figuras y dibujos en los cielos de nubes a la par que relativizo mis pensamientos y seguridades. “Pienso 99 veces y nada descubro. Dejo de pensar –decía Einstein- y me sumerjo en el silencio, y la verdad me es revelada…”.

Si cuando os deis una vuelta por aquí comenzáis a sentir un cierto malestar en los oídos, notáis que este silencio os duele, oís mejor que nunca vuestro corazón y tenéis que insistir en el gesto de tragar saliva…es que el ruido exterior e interior que hoy nos impide ser libres y felices…os tiene onnubilados. Tendréis que caminar despacio, soltando las emociones y con esta tarea de atención plena, de volver a vosotros mismos quizá os sintáis vivos Y utilizando el lenguaje de los dioses -que no es otro que el silencio- valorareis ése momento que os ayudará a saber quién realmente sois.

Conseguir el silencio interior –la paz espiritual- la armonía de nuestro cuerpo, mente y alma… es más difícil que lograr el silencio externo de nuestros sentidos, pero es esta la primera tarea: acallar los temblores exteriores, escuchar más que hablar, buscar lugares armoniosos. alejarnos de toda contaminación acústica, evitar estridencias y lenguajes bruscos…todo esto nos llevará al silencio interior, a desplazar nuestros ruidos íntimos, a no pensar…sólo así sentiremos el gusto por la vida, el contentamiento de existir. Esta experiencia del silencio nos hará entender y vivir la frase del recientemente fallecido Francisco Luzón: “Un minuto de vida (bien vivido…) es más grande que todo el universo…”.

Nuestra generación teme al silencio. Y si se adentra en la naturaleza no acaba de contemplarla en actitud silenciosa. Tenemos esta tarea educativa pendiente: aprender a callar, desconectar los móviles, mirarnos, estar juntos callados…Bien lo entendía Mafalda cuando en una de sus viñetas le decía a su madre que no paraba de hablar en la calle con una amiga: “Mamá ¿cuándo vamos a casa para callar un rato…?”.

He sido muy feliz esta última semana en la que una afección de garganta me ha hecho perder la voz y obligado a estar calladito.

¡Cuánto he disfrutado con este silencio impuesto…! Y eso que yo sin las palabras no soy nadie, pero es el silencio que está detrás de nuestros lenguajes el que plenifica y da veracidad a la palabra que somos y decimos.

¡! Silencio por favor…¡¡

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