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Opinión

Problemas de comunicación

 

Hoy quiero hablarte de dos estilos comunicativos poco apropiados que utilizamos las personas muy a menudo.

Comunicarnos de manera inadecuada nos lleva a tener numerosos conflictos emocionales. Por ejemplo, cuando nos quedamos sin decir lo que pensamos y nos sentimos mal por ello.

O cuando contestamos de forma impulsiva y nos sentimos aún peor por no haber reflexionado lo suficiente nuestra respuesta.

Simplificando mucho, hay dos formas principales de comunicación inapropiadas: la pasiva y la agresiva.

La pasividad como estilo comunicativo no significa que pasemos de todo, sino que es una forma de actuar en la que no actuamos, por eso se le llama pasiva.

Cuando somos pasivos en nuestras relaciones interpersonales, no expresamos nuestras ideas u opiniones, y si lo hacemos, minimizamos su importancia.

Por ejemplo, estamos en un grupo en el que la gente está opinando sobre un tema X y los demás se posicionan. Sin embargo, para nosotros es más fácil no opinar porque tenemos la sensación de que no tenemos nada importante que aportar y que los demás saben más del tema.

No confundir con ser diplomático, no tienen por qué ir de la mano.

Ello es debido a que las personas más pasivas tienen miedo de molestar a los demás y de ser rechazadas.

Son básicamente inseguras.

Vale, sí, todos somos inseguros en algunos aspectos, pero las personas pasivas lo son en un mayor grado. Además esa inseguridad suele ir acompañada de una baja autoestima.

También puede suceder que una persona pasiva no defienda sus derechos. Sería el caso de una persona a la que le cobrasen dos veces un producto y prefiriese pagarlos a entrar en conflicto con el vendedor.

O por ejemplo que no protestase si alguien le estuviese molestando de forma continuada.

Las personas pasivas prefieren soportar el malestar a tener que enfrentarse a la otra persona.

Ser pasivo nos puede llevar a muchas situaciones incómodas: hacer un favor a un amigo aunque no nos apetezca por miedo al rechazo; no poner límite a nuestro jefe que nos carga con una cantidad de trabajo excesiva o no expresar a nuestra pareja nuestras verdaderas opiniones para no entrar en conflicto.

El estilo comunicativo opuesto es el agresivo.

Las personas que se comunican de forma agresiva creen que pisar fuerte es la mejor manera de marcar límites.

Su forma de comunicarse suele ser impositiva en muchas ocasiones: hablan con un tono de voz más elevado de lo habitual, en algunos momentos es amenazante y frecuentemente interrumpen la conversación de la otra persona de forma brusca sin escuchar sus respuestas.

La comunicación no verbal también es desafiante y sus gestos resultan intimidatorios.

Alguien que habla así no suele ser demasiado empático y cree que los que no piensan como él están totalmente equivocados. Además, acostumbra a regirse por un pensamiento dicotómico de estás a mi favor o en mi contra.

Pero… —y aquí viene algo que quizá no tengas tan presente—, tampoco te creas que estas personas siempre hablan así: es muy posible que conozcas a gente (o incluso tú mismo) que normalmente se comunica adecuadamente, pero que si se le calientan los cascos pasa a parecer Michael Douglas en Un día de furia.

La cuestión es que ni un estilo ni otro son adecuados.

Entonces, ¿qué podemos hacer si nos comunicamos mayoritariamente de forma pasiva o agresiva?

Pues mi respuesta es, como casi siempre, la misma: autoconocimiento, autoconocimiento y más autoconocimiento.

El desarrollo de la inteligencia emocional es clave en tu evolución personal y en tu forma de comunicarte.

Digamos que mientras más consciente seas de tus emociones, mejor podrás manejarlas y comunicarlas de manera asertiva, un estilo comunicativo del que te hablaré en el próximo artículo.

Mientras tanto, si quieres adentrarte en el mundo del autoconocimiento, una buena forma de empezar es aquí.

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