Opinión

Discurso

Veo y escucho con atención el discurso de Ana Iris Simón pronunciado en el marco del programa «Reto demográfico» del documento «España 2050», con el que muchos se han sentido identificados. No es para menos porque sintetiza en pocas palabras lo que es la experiencia y el sentir de un buen número de ciudadanos españoles (y no solo de una generación) sobre la realidad que subyace al relato oficial de varios gobiernos sucesivos, unos del PP y otros del PSOE. Lo que en conjunto constituye el régimen del PPSOE y sus flecos correspondientes.

Lo que Ana Iris Simón hace por tanto con su escueto relato de los hechos es rascar la purpurina y descubrir la sustancia.

Su discurso directo pone el dedo en la llaga y da cuenta de la realidad cotidiana y de andar por casa de muchos ciudadanos, muy distinta de la que relatan y cuentan, para las estadísticas y los datos macroeconómicos, los órganos institucionales.

Menciona y no es casual los «años ochenta” y la “crisis de 2008” como fronteras en esta deriva, situando así en el tiempo un derrotero ideológico, económico y político que nos ha traído hasta aquí.

Menciona igualmente el capitalismo global y europeo en relación con el problema de la soberanía, que es lo mismo que situar una frente a otra la plutocracia y la democracia como expectativa no de futura amenaza sino de presente confirmado. Los hombres de negro a un lado y los ciudadanos al otro.

Como es un discurso ajustado a la realidad, la realidad que dio origen al 15M, es un discurso que pudo ser pronunciado en aquel contexto (y de hecho ese discurso o muy parecido ya fue pronunciado entonces) y lo que nos debe preocupar es que sigue plenamente vigente hoy. No hemos avanzado.

Cada cual puede interpretarlo a su manera, y de hecho ha sido aplaudido desde distintas sensibilidades, pero según yo lo veo, con esa referencia a “los años ochenta” en que el neoliberalismo empieza a imponer en nuestro ámbito cultural su catecismo, y la referencia a la “crisis de 2008” en que se recogen los frutos sembrados en esos años, junto a la descripción exacta de las consecuencias de ese giro involutivo, austericidio inducido como parte del paquete, y todo ello traducido en un aumento de la precariedad y un retroceso en los logros sociales, la conclusión más lógica que cabe extraer de sus palabras es que son un alegato contra ese cambio de paradigma y contra los partidos que lo promovieron: PP y PSOE.

En consecuencia, la pregunta es: ¿Cuándo tendremos otra respuesta proporcional a esa agresión, como respaldo y continuidad a lo que se inició el 15M?

En entrevista reciente veo que la autora de «Feria» (libro muy recomendable para disfrutar de la lectura y ahondar en este tema) se declara inspirada y muy próxima a aquel movimiento. Al menos cuando aquello ocurrió.

Los más ingenuos afirman que ahora, tras el fiasco del austericidio y una pandemia afrontadas sin unas defensas dignas de tal nombre (por los recortes del austericidio), las «reformas» serán de verdad y no nuevos tijeretazos a los logros e instrumentos sociales, disfrazados con aquella otra palabra de «reforma», más llevadera, pero falsa.

¿Cuántas veces puede renovarse una mentira sin perder eficacia?

Según la experiencia de nuestra historia reciente, al menos aquí las mentiras de este orden tienen más vidas que un gato y renacen plenas de vigor y eficacia una y otra vez. ¿Estará la clave en la educación que favorece ser consciente de lo que acontece?

Un ejemplo claro de los universos no ya paralelos (sería un avance) sino divergentes por los que discurre la existencia, tan distinta y distante, de las Instituciones y los ciudadanos, lo tenemos en el caso flagrante del ministro Iceta, como representante de las Instituciones, y los trabajadores interinos de nuestros servicios públicos, víctimas de un abuso en sus condiciones laborales, según Europa confirma y reconoce.

Evidentemente Iceta es un recién llegado a este conflicto (aunque no a la política), y su desembarco en este problema, que se arrastra desde hace tiempo (15-20-30 años), parecía que traía aires frescos junto a una mejor comprensión de lo que se debate y las soluciones más lógicas (y justas) que cabe aplicar. Fue un espejismo.

Tras este incipiente y breve fogonazo de inteligencia y si me apuran de humanidad (y no es buenísimo sino la cruda realidad de los hechos) el problema vuelve a su rutina de desaciertos políticos, sindicales, y administrativos, cuyas consecuencias pagan los de siempre: los que no tienen culpa ni responsabilidad en la tropelía cometida.

Conviene recordar que para iniciar su campaña de absurdo laberinto y dispersión de responsabilidades (Kafka aquí tendría materia de análisis), nuestras Instituciones políticas, administrativas y sindicales, actuando en sintonía, pues todos ellos fueron cooperantes en el desafuero y el abuso, intentaron capear la llamada al orden y la amenaza en forma de multa de Europa (sus estrategias para la explotación de los trabajadores interinos no merecen otra cosa, y lo malo es que la multa no la pagan ellos sino todos nosotros) mediante la consigna política y publicitaria de que se iba a proceder a resolver el abuso de los interinos «consolidando las plazas» que ocupan pero no a ellos.

Tomaron mucho interés en hacer esta distinción entre «consolidar plazas», un ente administrativo, y «consolidar interinos», un ente humano. Una forma trapacera de evadir responsabilidades sobre las consecuencias humanas del abuso y evitar así indemnizaciones a los realmente abusados, que obviamente eran las personas y no las plazas.

Es tramposo e hipócrita decir que se van a «consolidar plazas» que llevan funcionando a pleno rendimiento (aunque sin la contraprestación retributiva y en derechos correspondiente) 10, 20, o 30 años.

Es tramposo e hipócrita decir que se van a «consolidar plazas» que llevan funcionando a pleno rendimiento (aunque sin la contraprestación retributiva y en derechos correspondiente) 10, 20, o 30 años. Tanto tiempo que algunos interinos se han jubilado tras desarrollar toda su vida laboral en su plaza «temporal» (la trampa consiste en que la plaza no es temporal sino estructural, como todos ellos sabían desde el principio, junto al hecho de que el trabajador interino explotado y estafado en sus retribuciones y derechos sale más barato). «Consolidar» plazas «estructurales» y asentadas durante décadas suena a tomadura de pelo y a estrategia de distracción. En pocas palabras suena a fraude y a ERE masivo ahorrándose las indemnizaciones correspondientes.

Incluso en este caso el intento de fraude iría dirigido no solo contra los interinos (que se van a la calle y sin indemnización, algunos a las puertas de la jubilación), sino fraude también a las exigencias europeas contra el abuso cometido, que ha sido contra los interinos, no contra las plazas.

Circulan ahora por ahí proyectos del ministro Iceta para dar carpetazo al asunto, que equivalen -por utilizar un símil- a resolver una cefalea mediante la decapitación del órgano que duele. Lo que parecía ser una mayor finura en el análisis del problema (como corresponde a un frente teóricamente progresista) que nos conduciría definitivamente a la solución, se ha convertido en una pesadilla en la que un sádico avanza hacha en mano para cortar de raíz mediante un ERE de los interinos abusados (muchos de los cuales han sido el frente más potente y en primera línea contra la pandemia) el problema pendiente y de paso ejecutar la supresión de sus plazas. Cosa que le aplaudirán sin duda todos aquellos que aborrecen la cosa «pública» porque tienen medios suficientes para pagarse o medrar en la cosa «privada», modelo USA en la que sólo tienen sanidad y educación dignas de tal nombre los que se lo pueden pagar.

Y esto es así porque hablamos de un negocio lucrativo para unos pocos con tal poder adquisitivo que pueden permitirse comprar políticos y gobiernos como si fuera la cosa más normal del mundo.

Lo que pretende Iceta (si nos hemos de guiar por lo que se conoce de sus intenciones) es lo que en estrategia depredadora se llama matar dos pájaros de un solo tiro, o rizar el rizo del neoliberalismo mediante un toque de «tercera vía».

¡Bravo Iceta!

Los dueños de todo te lo recompensarán.

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