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Opinión

Las famosas 10.000 horas

Una de las fantasías de muchos de nosotros es tener la capacidad de aprender alguna habilidad sin el esfuerzo que implica.

¿Te imaginas?

Tampoco hace falta que sea una habilidad que no hayan adquirido otras personas. Solo imagínate teniendo la mitad de capacidad oratoria de Barack Obama, el talento de Ferran Adrià ante los fogones o la habilidad vocal de Pavarotti.

Sería increíble, ¿verdad?

O por ejemplo: tu sueño siempre ha sido aprender a hablar chino mandarín, y por arte de magia, salen de tu boca palabras y frases en el susodicho idioma.

¿Y qué me dices de tocar el piano? Imagínate que te levantas una mañana y eres capaz de tocar tu melodía favorita.

Bien, creo que se ha entendido la idea. El tema es que, como ya sabes, hoy en día eso no es posible.

Quién sabe si lo será en el futuro, no descartes nada a cientos o miles de años vista.

Pero por ahora, si queremos aprender una habilidad, debemos realizar un esfuerzo enorme, muchas veces titánico.

Y eso ya no nos gusta tanto, por eso tanta gente se queda por el camino: dominar una habilidad requiere demasiado tiempo y energía.

La parte positiva es que cada vez que aprendemos datos o una nueva habilidad, cambiamos nuestro cerebro. Es la llamada neuroplasticidad.

Hoy en día sabemos que la neuroplasticidad se basa en cambios químicos, estructurales y funcionales que dan pie al aprendizaje y a nuevas conexiones cerebrales.

También sabemos que el cerebro genera nuevas neuronas a lo largo de la vida.

Gracias neurocientíficos del mundo por darnos esperanza a los que ya peinamos canas : )

Sin embargo, aunque haya nuevas conexiones y se generen nuevas neuronas, no nos evita tener que invertir una gran cantidad de horas para aprender algo.

Eso sí, no todos aprendemos de la misma manera ni necesitamos el mismo tiempo.

Según estudios, parece que la variabilidad de una persona a otra tiene mucho que ver en los resultados. Las famosas 10 000 horas de Malcolm Gladwell necesarias para dominar una habilidad no son así para todos.

Así lo explica un estudio de la Royal Society Open Science, en el que se demuestra que la práctica por si sola no determina la maestría de una habilidad.

Obviamente la práctica es un factor determinante, pero no es el único.

Y es que no podemos olvidar la variabilidad individual: unos necesitarán muchas menos horas, y otros por mucho que se esfuercen no llegarán a dominarla nunca.

Es así por duro que suene, lo hemos visto miles de veces. Hay quien tiene talento natural para una habilidad, y otros lo intentan una y otra vez pero nunca llegan a pasar de un nivel medio.

¿Es injusto? Pues no lo sé, es lo que es, más vale aceptarlo.

Así que aquí va una pequeña recomendación: si algo se te da especialmente mal, no insistas demasiado en querer ser un erudito. A no ser que lo necesites para algo importante en tu vida, muchas veces no valdrá la pena.

Otra cosa es que con un nivel medio te apañes, ahí ya cambia todo. Si con ese nivel tienes suficiente, bienvenida sea la mediocridad. Muchas veces el ‘Más vale hecho que perfecto’  es un gran lema de vida.

En todo caso, y sobre todo si puedes escoger, céntrate en buscar algo que se te dé bien y te guste. Tendrás muchas más oportunidades de llegar a dominar esa materia.

¿No sabes ni por dónde empezar? Pues pásate por aquí, puede que sea un buen comienzo.

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