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Opinión

Conjunción estrellada

Como si una mala conjunción de estrellas se hubiera confabulado estos días para dejar en pelotas no solo al rey emérito y sus privilegios de sangre, sino a una buena parte de la institucionalidad reinante, en la reciente convención o conjunción del PP, diversas estrellas se estrellaron estrepitosamente contra el suelo y con ellas los asteroides que les rinden pleitesía orbital quedaron ciertamente chamuscados o por lo menos deslucidos.

Que no es que la corrupción en este reino de acá sea algo que cause sorpresa, pero llueve tanto sobre mojado que no hay forma de que la gotera se seque.

No es sólo una sede con goteras lo que tenemos ante los ojos pasmados, que eso es un problema material, y con paciencia y reformas de buen albañil puede corregirse. Lo grave es que es una ideología toda con goteras la que se obceca en seguir goteando, y eso es un problema más serio, incluso de orden ético, y para eso el remedio es más difícil, sobre todo si no hay arrepentimiento ni propósito de enmienda.

Intentan distraer diciendo a grito pelado (que parece que tienen motivo para estar enfadados cuando con toda seguridad el motivo lo tienen los demás) que sin ellos, es decir, sin la corrupción como medio y fin, todo es un desastre en España. Pero lo cierto es que corrupción, lo que se dice corrupción, en España vamos sobrados y ya hemos tenido para dar y tomar, tanto como para seguir pasándolas canutas una buena temporada.

Así que menos aspavientos y más arrepentimiento.

Mensaje este del arrepentimiento de la corrupción que vale tanto para el PP como para el PSOE, tanto monta, pero como los que han invitado a su convención estos días, sin ningún pudor, a corruptos, son los dirigentes del PP, es por lo que hacemos especial mención de sus circunstancias.

Y más que nada porque esas circunstancias no parecen albergar ningún amago de corregir el tiro, dato este que quizás pueda ser útil a algunos de sus futuros votantes si les da por meditar en el destino de su voto y consultar cifras económicas de lo que supone, para nuestra desgracia como país, la corrupción.

El caso es que estrellas invitadas fueron en este reciente evento del PP, Nicolás Sarkozy el galo, y Sebastián Kurz el austriaco (faltó Villarejo).

Y el caso es también y muy significativo que a ambos se les ha puesto en evidencia estos días precisamente por sus prácticas deshonestas.

Como resulta que el anfitrión, el PP, es conocido también en medio mundo por las mismas prácticas (corruptas) que las citadas estrellas mediáticas (que parece que compiten en alguna liga de corruptos a ver quién marca más goles), pues digamos que nada desentona y «todo queda en casa».

Pero la cuestión es que no todo queda en casa y a salvo de miradas ajenas, porque se supone que una convención de estas características no es un círculo cerrado donde se ponen de acuerdo para lo suyo, que más o menos ya sabemos lo que es, sino que pretende ser un foco mediático que irradie intención política a todo un país.

Y la pregunta que se impone ante esta conjunción en la que la casualidad azarosa ha venido a coincidir con la vocación deshonesta, es: ¿Qué intención política irradia esta conjunción de estrellas estrelladas?

Otra convención interesante ha sido la de VOX, donde al parecer ha habido mucho folklore, más o menos genuino, que siempre es bonito conservar nuestras raíces culturales (cada país las suyas y todos las de todos).

Sin embargo, lo que ha llamado mucho la atención en esos divertimentos es el asunto de las fallas.

Revisando la Historia podemos llegar a temer que la intención de VOX no sea renovar una hoguera festiva, sino renovar una hoguera inquisitorial, otra de nuestras tradiciones más potentes

Al parecer en forma de falla, VOX pretendía quemar en la hoguera a una serie de personajes en efigie, representativos de lo que llaman la “progrecracia” (vaya manía rara que se han cogido), tal que a una «feminista», a un «ecologista», a un «mena», y creo que incluso a un “banquero».

Que ya llama la atención que un defensor del neoliberalismo más ultra y radical, es decir, más descerebrado, como es VOX (si por ellos fuera ni pensiones, ni sindicatos, ni sanidad, ni educación pública habría), quiera quemar a un banquero como parte integrante del contubernio progrécrata.

Salvo que dicho banquero lo sea de un banco de semillas, que todo puede ser con tal de acabar con todo lo que huela a ecología, otra manía rara que les ha dado.

La intención última de esa propaganda tan floja e increíble es que algún incauto y crédulo se crea que este es un partido contra la plutocracia y favor de los trabajadores, cuando es notorio que es la plutocracia precisamente la que suele promover y financiar a este tipo de partidos. No hay más que revisar la Historia o ver cómo en Italia ya han empezado a asaltar sedes sindicales.

Y revisando la Historia podemos llegar a temer que la intención de VOX no sea renovar una hoguera festiva, sino renovar una hoguera inquisitorial, otra de nuestras tradiciones más potentes y por cierto menos festivas y más siniestras. No nos extrañaría que para este partido político la Inquisición haya sido una de esas Instituciones de las que más orgullosos debemos estar los españoles.

Me viene al recuerdo ahora haber leído que el único acompañante y testigo de la muerte de Miguel de Unamuno, un falangista furibundo, solía participar en la quema de libros. Afición que también ejercían (¿quién copiaba a quién?) los nazis.

Los personajes que hoy ansían quemar (de momento en efigie) los dirigentes de VOX tendrían su reflejo o equivalente plausible en otros de aquel tiempo pasado, controlado y aterrorizado por dominicos pirómanos.

La “feminista” equivaldría a la “bruja”, podemos suponer, palabra que aún usan intentando amedrentar a algunas mujeres.

El “ecologista” equivaldría al “filósofo natural” de antaño, que también corría grave riesgo de ser quemado si le daba por investigar la naturaleza y el funcionamiento de las cosas (“de rerum natura”). O incluso podía equivaler al “pagano”, al que le era difícil distinguir entre la naturaleza y los dioses.

El “banquero” (si no es el del banco de semillas) sería el equivalente a aquellos “judíos” que manejaban dinero, olvidando que entre ellos no solo había potentados y tesoreros reales, sino gente más humilde y menesterosa, o entregada al estudio sin ambicionar grandes riquezas. Se alfabetizaban muy niños según una costumbre de milenios.

Nuestra tradición cultural y humanista está llena de estos sabios que como Abraham Zacut -por poner un ejemplo- ayudaron a descubrir nuevos mundos. Un cráter de la luna lleva su nombre para honrarle.

Pero podríamos mencionar también como descendientes de judíos españoles a Vives, Fray Luis de León, San Juan de la Cruz, Andrés Laguna, Góngora, y con alta probabilidad también a Antonio de Nebrija, tan importante para nuestra lengua. O recordar por el mismo motivo las raíces y ancestros de Santa Teresa, que de niña no ambicionaba ser tesorera, sino que se entusiasmaba leyendo en la biblioteca familiar cosas tales como libros de Caballerías.

La lista de esos españoles ilustres, no muy “limpios de sangre” (según la jerga de los fanáticos), es larga.

Y es que hay hogueras festivas, donde se queman los muebles viejos y los tiempos caducos, pero otras se encienden en un intento de resucitar el pasado peor.

Sería muy de temer una conjunción del PP con VOX (una realidad que ya ha tomado cuerpo) en cuanto que tal síntesis equivaldría a la conjunción de la corrupción incoercible con el espíritu inquisitorial, una mezcla deletérea para cualquier democracia.

El espíritu inquisitorial de VOX y su ánimo de recuperar una tradición de hogueras, subyace a su antidemocrática aseveración de que el gobierno actual es “ilegítimo”. De la misma manera que dentro de esa tradición y en otro tiempo, era ilegítimo e ilegal todo español que no fuera católico.

Por ejemplo, Zacut, que aunque era salmantino y español y sabio (mucho más sabio que los que le consideraban “ilegítimo”), tuvo que morir en el exilio, como tantos compatriotas admirables que la Historia nos ha regalado.

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