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Opinión

Un año nuevo poco nuevo

Que un gobierno tímidamente socialdemócrata (el componente neoliberal del PSOE pesa mucho) sea incapaz de acabar con la reforma laboral neoliberal y sus métodos de explotación humana, dice mucho de dónde seguimos estando.

Acabado por tanto el espejismo de un posible avance en las reformas hacia una sociedad más justa y solidaria, más equilibrada y más sostenible, podemos sospechar que tal como nos ha ido estos últimos años (de mal en peor) parece que nos puede ir en el tiempo venidero.

Casi se nos impone un bíblico «nada nuevo bajo el sol» como resumen de este piélago en el que seguimos empantanados desde hace ya demasiado tiempo. Casi desde aquella proclama ideológica e histórica del «Fin de la Historia» y supresión de toda alternativa, que tanto nos recuerda a aquel otro anuncio o amenaza que encontramos en el divino Dante: quien atraviese este umbral, ya sin Historia, ya en el infierno, abandone toda esperanza. Malo.

De nuevo el sectarismo neoliberal, con sede principal en Bruselas, ha impuesto su catecismo y sus mandatos: poderoso caballero es Don dinero. Y el dinero, como el poder, siempre se acumula y se concentra en las mismas manos.

Nuestro gobierno tímidamente progresista y nominalmente socialdemócrata, sigue al dictado las órdenes de sus superiores (neoliberales): los dueños de todo.

Si además el emérito huido retorna sin rendir cuentas en este año entrante que estrenamos para -parece- seguir en lo mismo, será un síntoma más de que reincidimos y recaemos en lo ya caduco, ahora ya en forma de quiste irritante que seguirá intoxicando el ambiente, enturbiando nuestra conciencia, y engordando la hipocresía oficial. Nada que ver con la democracia o con el aliento saludable de la verdad.

Aunque sólo fuera por esto, este año tampoco será nuevo ni abandonaremos esas cloacas del Estado que tanto han envenenado nuestra política y perjudicado a nuestro régimen.

Seguiremos huérfanos de ese orgullo civil que permite a las naciones dejar atrás lo viejo y avanzar.

Que al menos los virus y las pandemias nos den un respiro y el cambio climático refrene su marcha, algo que en gran medida ya no depende de nosotros. Voluntad que de todas formas flojea y se muestra impotente en lo que sí está al alcance de nuestra mano: una política del bien común y una política económica decente.

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