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Opinión

Esperanza

Decía Thich Nhat Hanh, el conocido maestro zen, que la esperanza es muy importante porque puede hacer el momento presente más fácil de soportar. Si creemos que el mañana será mejor, podremos sobrellevar mejor la vida actual.

Muy de acuerdo con su argumento.

Sin embargo, a veces me pregunto si la esperanza sirve de verdad o es solo un autoengaño para huir de la realidad.

No tengo la respuesta, pero supongo que dependerá mucho de cómo la utilices.

Cuando estamos pasando por un momento muy difícil, recrearnos en la negatividad lo único que hace es hundirnos más y conducirnos a un estado depresivo.

Es una opción que deberíamos descartar como norma general. El dolor hay que sentirlo para sanar, claro que sí, pero no podemos dejar que se apropie de nuestra vida las 24 horas.

Ser realista tampoco es una opción mucho mejor, aunque lo parezca de entrada.

Es cierto que nos permite ser más objetivos y apreciar lo positivo que hay en nuestras vidas, y eso es fantástico.

Sin embargo, si el momento que estamos viviendo es realmente complicado, en el fondo nos da bastante igual que salga agua caliente por el grifo, podamos llenar el estómago tres veces al día o que haya personas pasándolo peor que nosotros.

Pensar positivamente de forma exacerbada, como vemos en tantas frases que nadie se cree en redes sociales, es casi peor que las otras dos juntas.

La razón es que nos hace caer en un autoengaño extremo muy perjudicial.

Esta opción deberíamos descartarla ya de entrada, aunque sea solo por dignidad.

¿Y entonces?

Pues entonces hay que buscar la fórmula en la que podamos sentirnos cómodos, teniendo en cuenta que estamos viviendo una situación profundamente incómoda.

Una fórmula dónde podamos expresar nuestras emociones más desagradables; una fórmula dónde podamos recuperar un poco de racionalidad que nos haga saber hacia dónde vamos; y una fórmula que nos permita creer que es posible que vengan tiempos mejores, que también esto pasará o que nos recuerde que en el pasado hemos superado otras situaciones complicadas.

Esta sí sería una buena estrategia para afrontar mejor el percance.

Incluso si las circunstancias no mejoran, o especialmente cuando no mejoran.

Porque mientras estemos vivos, el abanico de posibilidades es casi infinito y la esperanza nos alienta a no rendirnos.

Y recordárnoslo cuando alguien cercano acaba de morir, nuestro negocio se ha ido al traste o el amor de nuestra vida nos ha abandonado, ayuda.

Ayuda mucho.

Cuando sentimos un dolor inmenso, perdemos en gran parte la perspectiva. Y si perdemos la perspectiva, perdemos la esperanza de volver a brillar.

Un lujo que no deberíamos permitirnos cuando esto llamado vida no dejan de ser cuatro días mal contados.

Dolor, el justo y necesario para honrarlo y sanar la herida.

Después, a poner todos los medios para resurgir como el Ave Fénix.

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