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Opinión

Creo, pero no como antes

Según he ido avanzando en humanidad, – uno ya tiene sus años- me he ido haciendo más preguntas sobre la vida y la muerte que no llego a responder con toda claridad- Me pasa con las creencias lo que con el amor: soy capaz de soportar las dudas pero no logro no tenerlas. Hace ya tiempo que interpreté simbólicamente los dogmas para no matar la verdad que podrían contener, como decía Unamuno. Ahora digo que creo pero de modo muy diferente a como creía antes.

Estoy con el maestro Félix López que afirmaba hace días en su interesante columna que hemos inventado muchas narraciones –infantiles y de muy mala literatura- para consolarnos de tantas angustias de este valle de lágrimas- o para huir de nuestras inseguridades existenciales del desierto vital que nos toca atravesar a cada uno- en lugar de cargar responsablemente con tantas incertidumbres, oscuridades y fracasos de la condición humana- intentando ayudar a todos en la esperanza de un mundo feliz y mejor.

Muchos sermones y teologías de las religiones elaboran verdades que se presentan como indiscutibles y seguras, interpretando al pie de la letra sus libros sagrados. Verdades que hoy para muchos creyentes –entre los que me incluyo- son muy difíciles de conjugar con el hombre y la mujer contemporáneos y con los nuevos signos de los tiempos. Hoy la unidad y la vuelta de la gente a lo trascendente pasa por la vivencia de una espiritualidad profunda (que está en los místicos de esas religiones) que nos acerque al Misterio del que seguimos ignorando casi todo.

En concreto: no creo en tantas estructuras y esquemas eclesiales que solo se miran a sí mismas, desde el autoconvencimiento de estar en posesión de la verdad. No creo en la organización jerárquica y absolutista –machista y clerical- que se piensa imprescindible para llegar a la figura de Jesús y a su mensaje. No necesito de tanto papeleo, normas y directrices que ignoran la adultez de cada persona en su búsqueda y vivencia de la fe y del encuentro con lo divino. Me emociona cada vez menos la ritualización trasnochada y oscura de nuestros actuales actos de culto y de liturgia. Me aburre tanta moralina, tanta lejanía y parafernalia de nuestros lenguajes teológicos tan alejados de la condición humana actual y de sus necesidades fácticas.

Ya solo creo (y me comprometo) en caminar al lado de tantas personas que lo pasan mal en nuestra sociedad tan enferma y pocha. Creo en la sencillez y creatividad del encuentro fraternal de todos los que nos sentimos unidos en los derechos humanos y buscamos un mundo más libre, más feliz, más justo para todos. Me interesa ayudar a llevar la cruz a tantos contemporáneos, a respetar sus indiferencias y ateísmos, a dudar con ellos, a no ser mejor que ellos. Me conmueve la humildad y el ejemplo de tantos hermanos que entregan sus vidas para alcanzar sus ideales.

Quiero desde la figura universal de Jesús y de tantos otros profetas y creyentes profundizar en una espiritualidad democrática que dé sentido a todos nuestros esfuerzos. Me compadezco y confío en la buena voluntad y en el amor de todos los que me han ayudado a llegar hasta aquí-. ¡Gracias¡

Me siento libre, feliz y realizado sobre todo porque mis creencias se han purificado y vuelto más humanas.

Sí, aún creo con el mismo amor…pero no como antes.

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