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Opinión

Carta a la cancillería de la Universidad Pontificia de Salamanca

Comenzamos esta carta, con una inmensa desorientación, para hacerles llegar la penosa situación en que ha quedado la Facultad de Filosofía de la UPSA tras ocho años de un decanato abyecto e irresponsable, cuyo único propósito parece haber sido descomponer la misma Facultad de Filosofía. Por tanto, y en vista de la gravedad de la situación, los alumnos afectados hemos decidido dar a conocer nuestra precaria situación. Cada uno de nosotros éramos conscientes de que lo que estábamos estudiando iba dirigido a obtener el título de la Licenciatura, por el que debíamos de pasar para obtener la convalidación con el grado civil. Proyecto que se ha visto frustrado por las oscuras acciones del decanato, que serán narradas a continuación:

Apenas dos semanas antes de empezar los exámenes ordinarios del segundo semestre, se filtró al alumnado un rumor relativo al cierre de la Licenciatura el año próximo. La decana por entonces, que llevaba años rechazando a nuevos alumnos, les había comunicado a principios de curso que se debían matricular de todas las asignaturas del Bachiller (que corresponde, para quien no lo sepa, con el antiguo plan de la Diplomatura), advirtiendo de que lo más probable sería que tal titulación, es decir, el Bachiller, se cerrase mal año próximo. Habiendo preguntado por la veracidad de tales habladurías a los profesores comprometidos, que aunque pocos, quedan buenos todavía, fueron confirmados los rumores: No solo se cerraba el Bachiller en Filosofía,  como había advertido la decana, sino también la Licenciatura en Filosofía. Un auténtico despropósito. Las autoridades y otros profesores de la Facultad, cuando se les consultó, mostraban una aparente simpatía, que consideraron suficiente para satisfacer las exigencias de la moralidad en el trato al prójimo. Además, absolutamente nadie se preocupó de planear un año de transición para los que estábamos comprometidos con el proyecto de la UPSA, por más que la decana lo hubiera ido prometiendo verbalmente.

Por otro lado, los pocos que dieron la cara se han escudado en la legalidad de sus acciones, como si legal y moral fueran sinónimos totales, y no queriendo ver que estaban incumpliendo un contrato verbal según el cual habían prometido que se empezaba el primer ciclo de estudios en aras del segundo. Los profesores más sufridos lo han vivido con la misma impotencia que nosotros, sin poder hacer realmente nada para ayudarnos; y baste decir que algunos hasta confesaron compartir nuestros miedos, quejas y descontentos con el nuevo grado. Pero, como entenderán, no se pueden tomar represalias legales si la promesa o contrato no constó por escrito. Es así que, hasta en el mundo aparentemente católico, la confianza implica un riesgo.

Ya dentro de la caótica situación en la que nos acabábamos de encontrar, nos enteramos de algunas presuntas ilegalidades cometidas por unos y otros: chantajes a su sucesor que garantizaron la entrada de alguien en el rectorado, pucherazos en las votaciones del decanato, maltrato psicológico de unos a otros profesores, y personificación de firmas de alumnos para que, sin ellos saberlo, hubieran acordado no querer continuar la licenciatura.

En resumen: La UPSA, comprometida con nuestro futuro, según pude ver en la última campaña publicitaria de hace unas semanas en un periódico local, propone un borrón y cuenta nueva y está dispuesta a sacrificar a cuantos sean necesarios para salirse con la suya. Un nuevo grado, online, Filosofía con mención en humanidades digitales, supone precisamente no saber nada de Filosofía, pues el entorno digital es uno impersonal al que hay que dirigirse como herramienta y con sumo cuidado.

La impresión que nos deja a los alumnos es la de que, para habernos enseñado Ética, no la saben aplicar, y que para salvar la facultad de Filosofía, tratan de arremeter contra ella. Además, anteponen la innovación académica y el prestigio a la formación y futuro de sus propios alumnos, sin importarles la mayor de las veces lo más mínimo. Todos somos amigos, hasta que se envían las evaluaciones de los profesores.

¿Y sus alumnos, con cuyo futuro se habían comprometido? Mero daño colateral.

Ésta carta, Mons. Retana y Mons. Pulido, suplica su intervención y socorro, ya que la situación es realmente grave, no ya solo para nosotros, los alumnos afectados, que tenemos todos nombres y apellidos, sino también para la situación de la Filosofía en Salamanca, y por implicación directa, la situación de la Filosofía en España.

Venimos, pues, a denunciar lo siguiente con la esperanza de que no caiga en saco roto:

  1. El abandono del alumnado de la Facultad de Filosofía de la UPSA.
  2. El incumplimiento de un contrato verbal, de la promesa de acabar los estudios.
  3. La falta de tiempo y de advertencia, que por ser voluntariamente omitida es incuestionablemente una deslealtad académica.
  4. La falta de preocupación por el alumnado al no haberse procurado un año de transición.
  5. La falta de ayuda y solución al impotente alumnado que se ha visto afectado.
  6. La perentoria crisis de la Filosofía en la UPSA.
  7. El abandono de la Filosofía cristiana en general y de la Escolástica y de los Padres de la Iglesia en particular.
  8. Un total desprestigio para la UPSA, que tanto valor y cariño ha empleado en su magisterio.
  9. La corrupción visible dentro de la Facultad de Filosofía, los intereses jerárquicos a que responden y un nepotismo descarado entre los puestos de influencia.
  10. El abandono de los valores católicos.

Firmado: Los alumnos de la Facultad de Filosofía de la Universidad Pontificia de Salamanca.

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