Opinión

La perversidad de las privatizaciones

Según el diccionario privatizar es transferir una empresa o actividad pública al sector privado, aunque algunos emplean la palabra “externalización” para confundir y disfrazar la palabra privatización y no llamar a las cosas por su nombre. Durante estos últimos años la privatización de empresas y servicios públicos se ha convertido en una tendencia peligrosa. Las élites económicas y las ideologías neoliberales se han introducido de tal forma en la política que en estos momentos controlan todas y cada unas de las decisiones que toman nuestros gobernantes.

[pull_quote_left]La privatización a quien realmente beneficia es a multinacionales, empresarios, amigos, familiares y afiliados de partidos que giran en torno a los políticos de turno que ven una oportunidad inmejorable de hacer negocio. Todo esto es un juego bien orquestado[/pull_quote_left]Desde todas las administraciones, central, autonómica y local se impulsan las privatizaciones y se justifican como la única manera posible de eficacia y eficiencia, pero sería una estupidez y caer en la ingenuidad si aceptáramos esta patraña como verdad indiscutible. La privatización a quien realmente beneficia es a multinacionales, empresarios, amigos, familiares y afiliados de partidos que giran en torno a los políticos de turno que ven una oportunidad inmejorable de hacer negocio. Todo esto es un juego muy bien orquestado, primero desprestigiamos todo lo público y lo asfixiamos económicamente para preparar el camino a la privatización. En segundo lugar a los empresarios amigos les damos suficiente información de cómo hacer ofertas a la baja, más bien temerarias, para hacerse con el paquete del negocio y, una vez conseguido, solicitar revisar ese presupuesto añadiendo unas inexistentes mejoras que obliguen a poner más dinero público. Se transfiere dinero público a empresas privadas, negocio redondo, los beneficios para los empresarios y las pérdidas a cargo del Estado, ejemplos tenemos de todo tipo y en todos los sectores.

[quote_box_right]No todo es susceptible de privatizar, por lo que se están poniendo en peligro los derechos sociales y el estado de bienestar[/quote_box_right]La privatización de un sector estratégico como el eléctrico se la hemos entregado a un oligopolio que impone precios tan abusivos en la electricidad que la convierte en una de las más caras de Europa. Un recurso básico y de primera necesidad como es el agua, en la mayoría de provincias está privatizado con espectaculares subidas de tarifas y pérdida de control público. Para un servicio tan vital como la sanidad se han creado modelos de fundaciones sanitarias, como “Alzira”, que son el vivo ejemplo del fracaso de gestión privada, que ha generado un agujero económico inmenso, que pagaremos todos los ciudadanos con nuestros impuestos y que debería ser investigado por la fiscalía. La educación es otro de los sectores donde la empresa privada ha puesto sus garras con la benevolencia del gobierno, recortando lo público para entregarlo a lo privado.

No hay pudor en seguir privatizando, vale todo, desde archivos hospitalarios a los registros civiles, aunque se vulnere la privacidad de los ciudadanos.

Los gobiernos son los tontos útiles que ven en las privatizaciones una forma de eludir responsabilidades y beneficiar a sus amigos y están más pendientes de intereses económicos que del bienestar social. No todo es susceptible de privatizar, por lo que se están poniendo en peligro los derechos sociales y el estado de bienestar.

No nos dejemos engañar, la gestión pública puede y debe ser, eficaz, eficiente, equitativa y además necesaria. Pongamos instrumentos eficaces de control y buenos gestores al frente de empresas y servicios públicos, evitando en lo posible la contaminación política.

 


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