Opinión

Españoles en París

Cuando escribo estas líneas, un hijo de españoles es primer ministro de Francia y una hija de españoles la primera alcaldesa de París. Los dos llegan al cargo como resultado de unas mismas elecciones, pero con dos premisas muy distintas: Manuel Valls, como hijo de las encuestas y del miedo de un presidente desnortado. Anne Hidalgo, como hija de los votos y de la coherencia.

La diferencia no es baladí, y lo que digo no solo afecta a Francia. En toda Europa, la izquierda ha caído desde hace ya me temo casi dos décadas en el error de pensar que no tiene que presentar sus principios al juicio de las urnas, sino adaptarlos a ellas. Cuando Groucho Marx dice “estos son mis principios, y si no le gustan, tengo otros”, es muy divertido porque es una sátira, pero cuando lo hacen partidos políticos cuya pretensión fundacional era defender a los débiles la cosa deja de tener gracia.

[pull_quote_left]Tenemos mucha suerte los españoles: dos compatriotas nuestros están señalando dos caminos a Europa. El que hay que tomar, y el que hay que temer[/pull_quote_left]El ejemplo francés es muy ilustrativo: el presidente que ganó las elecciones con un programa de izquierdas que luego no aplicó llama en su auxilio a las encuestas –en las que opinan los que piensan como él y los que piensan lo contrario que él- y, para compensar la fuga del voto de izquierda, llama en su auxilio al correligionario más a la derecha que encuentra.

Mientras tanto, en París, en las elecciones de verdad –en las que no te votan los que no piensan como tú-, una socialista consecuente arrasa en las urnas, a contracorriente de todo el país, a contracorriente de toda la derechización y de todo el miedo. Tenemos mucha suerte los españoles: dos compatriotas nuestros están señalando dos caminos a Europa. El que hay que tomar, y el que hay que temer.

 


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