El juicio que investiga la presunta trama de corrupción en la compra de mascarillas y el rescate de aerolíneas ha vivido este martes una sesión intensa. Javier Hidalgo, ex CEO de Globalia, ha confirmado ante el tribunal lo que era un secreto a voces: el comisionista Víctor de Aldama actuaba como el «canal de comunicación» principal con los ministerios para gestionar el rescate de Air Europa, pero precisó que el grupo de la familia Hidalgo no pagó por agilizar la operación.
1. El nexo con el Gobierno
- Hidalgo (Globalia): Reconoció haber contratado a Aldama para recuperar fondos en Venezuela y como enlace ministerial. No obstante, negó haber pagado mordidas de 500.000 euros a cambio del rescate. Sobre Koldo García, afirmó que este solo ejercía de «recepcionista» en el Ministerio de Transportes cuando él iba a ver a Ábalos.
- Ana María Aranda (Secretaria de Ábalos): Confirmó que Aldama gozaba de privilegios en el Ministerio, entrando por el ascensor privado del ministro sin pasar controles de seguridad. Además, reveló que Koldo pagó con una tarjeta de crédito a su nombre los gastos de 13 viajes oficiales de Jéssica Rodríguez (acompañante de Ábalos).
2. Interior se desvincula de las presiones
El ex número dos de Interior, Rafael Pérez, ha intentado blindar al Ministerio de Fernando Grande-Marlaska:
- Negó cualquier «indicación específica» de Koldo o Ábalos para contratar a Soluciones de Gestión (la empresa de la trama).
- Admitió que compraron mascarillas a esta empresa simplemente porque supieron que Transportes ya trabajaba con ellos y era una «necesidad absoluta» de emergencia.
3. El rastro del dinero y las propiedades
La sesión también ha puesto el foco en los presuntos «regalos» a la cúpula ministerial:
- El chalé de Cádiz: El exjefe de gabinete de Reyes Maroto negó presiones para favorecer a la empresa Villafuel, sospechosa de costear un chalé para Ábalos. Aseguró que remitió a los empresarios a otros departamentos porque Industria no tenía competencias.
- El piso de Castellana: La secretaria de Aldama, Piedad Losada, reveló que su jefe llamaba a Ábalos «el jefe» y que ella misma gestionó trámites personales para el exministro, como un conflicto vecinal en Valencia.
Mientras los altos cargos niegan presiones, los testimonios de las secretarias y exdirectivos confirman que la presencia de Aldama y Koldo en los núcleos de poder era constante, informal y ajena a los protocolos oficiales.

















