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Adán Pérez y Santiago Martín ‘tienen’ el poder de retroceder 50 millones de años

La Facultad de Ciencias se convierte esta semana en la ‘central’ de la Geología, gracias a la iniciativa que promueve la Asociación de Amigos de la Sala de las Tortugas

Conferencias y concursos de fotografía están copando las actividades de esta semana de la Geología que comenzó con la charla de Gabriel Gutiérrez sobre ‘Esos fósiles, los circones detríticos’. Y que ha continuado esta tarde de miércoles con Adán Pérez García que disertó sobre la relevancia científica de la Sala de las Tortugas. Mañana jueves, a las 17.00 horas le toca el turno a Santiago Martín de Jesús, cuya conferencia se centrará sobre el ayer y el hoy de las Sala de las Tortugas, como proyecto de musealización y cierra la semana José Martín Garvalosa, con la geología de pozos en sondeos de explotación geológica.

En la parte izq de la foto: Santiago Martín y Emiliano Jiménez escuchan la conferencia de Adán Pérez-García junto a un grupo de estudiantes y entusiastas de la Geología.
En la parte izq de la foto: Santiago Martín y Emiliano Jiménez escuchan la conferencia de Adán Pérez-García junto a un grupo de estudiantes y entusiastas de la Geología.

Emiliano Jiménez, fundador de la Sala de las Tortugas, conoce muy bien a dos de los ponentes, Adán Pérez-García y Santiago Martín. ¿Qué se puede aprender con sus conferencias?

Pues se me ocurre que están «volviendo patas arriba» lo que yo hice. Y ello me llena de orgullo y de satisfacción.

¿Que están llevando a cabo estos dos investigadores? 
Adán Pérez García, estudiando y redefiniendo muchas de las tortugas que yo dejé. Así, los gigantescos testudínidos terrestres del Terciario Superior, que tras muchos balbuceos todos acordamos incluirlos dentro del género Cheirogaster, sabiendo que ello sólo podía ser provisional, Adán ha creado para ellos el nuevo género Titanochelom, a nivel de toda Europa, dejando cuatro especies, la ibérica como bolivari, definida en 1917 por Eduardo Hernández Pacheco.
Lo mismo puede decirse de Hadrianus, un hasta ahora enigmático género de tortugas terrestres semigigantes, selváticas, del Eoceno europeo, que dentro de muy poco tendrán otro nombre que Adán nos dirá.
Y luego le tocará el turno al pelomedúsido Neochelys, y después al caretoquélido Allaeochelys, aunque no creo que haya que cambiar su designación. De ambos, y también de Hadrianus, la Sala de las Tortugas dispone de la mayor y mejor representación europea.

Y de Santiago Martín de Jesús ¿qué puede decir?

Que ha sido mi principal colaborador durante tantos años, con un largo lapso de dedicación a la informática. Ahora está de nuevo en su Sala de las Tortugas, donde desde hace nueve meses derrocha generosidad. Los descubrimientos que está realizando en esta nueva etapa, son fantásticos. ¡Y se producen cada día! A él se debe el conocimiento de que el terrible Iberosuchus, el último cocodrilo corredor, rey de las selvas paleógenas, lo era más aún por ser ¡venenoso! Y que el famoso Neochelys conocido como «el eunuco» fue atacado por este cocodrilo corredor y no por el fluvial Asiatosuchus. Y muchas cosas más, a diario. Lleva catalogadas más de 10.000 piezas nuevas, pasando de las 15.000 que había hace un año, a las 25.000. ¡Y aún faltan muchas por restaurar!

Estas conferencias están tratando de revalorizar, aún más si cabe, la presencia de la Sala de las Tortugas en Salamanca, museo desconocido y sin ayudas institucionales, que posee uno de los mayores tesoros paleontológicos de España.

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