Opinión

En el V Centenario de “La Melancolía”

En este año 14, tan lleno de aniversarios a celebrar –y alguno que sería mejor olvidar—hay uno que ¡seguro! a nadie se le ha ocurrido recordar: es el V centenario de “La Melancolía I” de Durero.

¡Ni siquiera los que han acordado que 2014 sea el Año de la Cristalografía! ¡A nadie!

¿Se detuvo el mundo por este acontecimiento? ¡Pues no! No pasó nada, salvo en el entorno del gran artista y sus admiradores.

Pero vayamos –mejor, veamos — la “Melancolía I”. Todo, todo en este famoso grabado ha sido estudiado e interpretado por sus mensajes mágicos o quiméricos. Lo único en él que sigue siendo objeto de discusión es el enigmático poliedro, al que yo he llamado –ignoro si alguien más, pero creo que no—Dureroedro.

¿Cuál es su significado? ¿Qué es? ¿En qué pensaba Durero cuando lo realizó?

[pull_quote_left]Durero supo idealizar el poliedro perfecto, plasmado en su grabado hace medio milenio. Yo estoy convencido de que ese el mensaje que quiso dar: la perfección. Él la logró[/pull_quote_left]Desde el punto de vista cristalográfico es un romboedro agudo con pinacoide. No es un cubo truncado en dos vértices opuestos, como alguien dijo. ¡No! Eso no existe en cristalografía. Al truncar un cubo de esa forma pierde no sólo su simetría característica; también su nombre.

De tal romboedro, del Dureroedro, expertos geómetras han calculado los ángulos. Sorprende la precisión con que imprimió Durero esta forma, aunque está muy claro que para su modelo no empleó ningún goniómetro. ¿Por qué afirmo yo esto? Pues porque no hay ningún mineral que tenga esos ángulos. Algunos han dicho que se inspiró en cristales de alunita, un sulfato soluble, un alumbre. Pero… ¿cómo es ello posible si los cristales de este mineral son pequeñísimos?

No. Lo más probable es que su modelo fuese algún cristal de dolomita, carbonato cálcico-magnésico, que recogería mientras estuvo en Italia. Sin duda le llamó la atención la perfección de su forma, basada en la igualdad de ángulos, pero no lo relacionó con especies minerales. Por ello no se le considera el fundador de la Cristalografía, honor que le corresponde a Nicolás Stennon, que escribió su ley de la constancia de los ángulos diedros 155 años después, en 1669.

Lo que sí es cierto es que Durero supo idealizar el poliedro perfecto, plasmado en su grabado hace medio milenio. Yo estoy convencido de que ese el mensaje que quiso dar: la perfección. Él la logró, aunque cometió el error de dar ángulos que no corresponden a ningún mineral.

‘La MelancolíaI’, de Durero.

Pero hablemos de otra cosa. Todos podemos ver y admirar el grabado, del que hay una copiosa bibliografía.

El año pasado se cumplió el V Centenario de la Catedral Nueva de Salamanca. En su honor se me ocurrió sacar a la luz un poliedro basado en las baldosas de su Puerta de Los Reyes. Lo llamé Salamancaedro. Demostré entonces que dichas baldosas no se basaban en las caras del Dureroedro, formando un conjunto de esvásticas como símbolo del amanecer, muy significativo por estar situadas en la entrada de Poniente.

Pues bien ¿por qué no inventar otro poliedro distinto con las caras del Dureroedro, de modo que sea una bipirámide y no un romboedro?

¿Y cómo lo cierro, de modo que sea algo especial, tal y como hice con el Salamancaedro?

Me pongo a ello y ¡descuidad, queridos lectores! que en estas mismas páginas os daré la solución. E incluso os regalaré su desarrollo para que lo podáis recortar, pegar y tener un recuerdo mío.

Pero… ¿cómo llamar a este singular poliedro, que pretende homenajear al gran Durero?

¡Ya está! ¡¡¡Lo llamaré Dureroide!!!

— oOo —

 

El Salamancaedro.

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