Opinión

El castigo ejemplar

 

Siempre me he preguntado qué sabor paladean aquellos que disfrutan contemplando el castigo de los actos ajenos.

Cierto es que no basta con que los actos sean ajenos en tanto que ejecutados por una persona diferente a uno mismo. Para disfrutar con el castigo de los otros, los actos tienen que pertenecer a un sujeto que no consideremos próximo a nosotros, que no veamos como nuestro prójimo o semejante, y que, por tanto, no merezca el más mínimo esfuerzo de empatía. Siguiendo la dialéctica amigo-enemigo con la que observaba la política Carl Schmitt, se trata de proteger a nuestros amigos y de castigar duramente a nuestros enemigos. Y si el castigo es ejemplar, mejor. Porque ejemplar no significa que sea un ejemplo de cualquier otro castigo, sino que va a ser único y singular en su dureza.

En los últimos tiempos nos hemos vuelto muy ejemplares en el terreno moral a la hora de perseguir ciertos comportamientos. No siempre fue así. Algunos recordarán la famosa alocución de Enrique Tierno Galván, alcalde de Madrid, en la que hacía un juego de palabras alusivo al consumo de drogas al inicio de un concierto: “rockeros, el que no esté colocao que se coloque y al loro”.

Unos años después, en 1989, podíamos ver a Fernando Arrabal en televisión española anunciando que “el milenarismo va a llegar” entre balanceos nerviosos fruto, según el protagonista, de una copa de Chinchón. Más recientemente, en 1998, José María Aznar, presidente del Gobierno, declaraba: “el Gobierno, y yo personalmente, ha autorizado contactos con el entorno del Movimiento Vasco de Liberación”.

Afortunadamente, el primero no fue castigado por apología de las drogas, el segundo no recibió una reprimenda por aparecer en televisión bajo los efectos de su copa de Chinchón y, respecto al tercero, nadie convino que era ETA ni por el establecimiento de contactos ni por la forma tan amable de aludir a ella. Eran otros tiempos.

Nuestra superioridad moral sobre el pensamiento y la palabra – siempre erigida contra los otros y nunca contra los nuestros – descuida a menudo la comprensión de los hechos, y esta vez le ha tocado al diputado Provincial Gabriel de la Mora. Y fíjense que ni siquiera voy a mencionar el contenido sustantivo de las declaraciones del diputado, sólo a resumir la secuencia de los hechos: unos renglones en su Facebook sobre una actuación policial bastan para llevarlo a los tribunales y pedir su dimisión. Sí, lo oyen bien: unas líneas en su Facebook. Por muy gruesas que fueran sus palabras, ¿de verdad queremos perseguir a la gente en sus muros de Facebook? ¿Aspiramos a castigar más duramente a la gente no por sus actos sino por lo que piensa y opina en las redes sociales, aunque se trate de testimonios inflados al calor del espacio de confianza que nos aportan dichas redes? Para algunos la respuesta a estas preguntas es “sí”, y lo es porque Gabriel de la Mora les resulta un tipo – felizmente para esta ciudad – incómodo. No es de los suyos, es de los nuestros. Pertenece a quienes hemos estado en las calles invariablemente del lado de los ciudadanos, soportando innumerables desprecios por parte de los prohombres de esta ciudad, los cuales por cierto hemos sabido siempre relativizar.

Esta situación, no obstante, se enmarca perfectamente en la feria del castigo ejemplar de corte moralista en la que hemos convertido a nuestro país. ¿Qué podemos esperar de una sociedad que no es capaz de perdonar el diseño de los trajes de los Reyes Magos en Madrid, que encarcela bajo prisión incondicional a unos titiriteros o que pide la cabeza de un concejal recién elegido por unos chistes de mal gusto del año 2011? Sólo podemos esperar que reaccione.

Álvaro Martín
Doctor en Sociología por la UCM


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2 comentarios

  1. Muy buena reflexión.
    Dos varas de medir cuando se trata de los ciudadanos comunes, gente de a pie, como sigue siendo el «Concejal-diputado» Gabriel de la Mora.

  2. Dentro de su exposición y desde su catedra creo ke se le olvida ke este personaje comete presuntamente hasta ahora un delito tipificado en el código penal. No todo vale kerido profesor. Ahora entiendo como esta la educación de este pais con personajes ke justifican a los presuntos delincuentes….pero eso si cuando no son de su cuerda. LAMENTABLE

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