Opinión

Unidad de Reanimación del Hospital

Escribo estas humildes líneas para manifestar mi más sincero agradecimiento a todo el equipo sanitario de la unidad de reanimación del Hospital Clínico Universitario de Salamanca, pasando por las auxiliares, médicos, fisioterapeutas y sobre todo enfermeras por su humanidad, buen hacer y su magnífico trabajo.

Hay gente que piensa que cuando vamos al hospital nos tratan como un número, con total indiferencia e impersonalidad pero están totalmente equivocados. Nos ven como una persona, como un paciente, e incluso -en algunos momentos-  como a un amigo. Ponen todo su empeño y dedicación, junto con sus múltiples conocimientos y trabajo, para intentar sanarnos: muchísimas gracias.

En estas unidades tan concretas, con horario restringido, donde no puedes estar al lado de tu familiar, los familiares esperamos nerviosos a que por el altavoz suene su nombre y puedas pasar. Esa primera sonrisa que recibes al entregarte la bata te tranquiliza. Llegas con ilusión al pie de la cama. Las circunstancias personales del enfermo pueden ser buenas o malas, evolucionar o empeorar, pero te da la seguridad de saber que está bien atendido y de que se hace todo lo posible e imposible para que mejore. Posteriormente, te informan puntualmente de su situación: amablemente, con palabras claras y atendiendo gustosamente a todas tus dudas.

Como todo en esta vida tiene un principio y un fin. Llega el último informe. Nos comunican que lamentablemente ya no hay solución. Mirándote a los ojos, te piden permiso para desconectarle.  En ese momento un nudo inmenso invade tu garganta, la emoción llega a los ojos y empiezan a aparecer las lágrimas. No solo nos ocurre a nosotros, los familiares, sino que también a las personas que te están transmitiendo tan dura noticia.

A continuación nos permiten pasar a verle tantas veces como queramos y despedirnos de él, se encuentra plácidamente dormido, sin dolor y tranquilo con una sensación de paz reconfortante, No sufre y no sufrirá más, su descanso eterno llegará.

Abandonamos  la reanimación con dolor pero con la conciencia tranquila  de que se ha hecho todo lo posible -e imposible- por parte de todos. Le dejamos en buenas manos: su equipo de sanitarios  le acompaña para asegurar su placido fallecimiento.

Ellos verán como la luz de su vida llega a su fin pero a la vez se enciende otra luz, tan fuerte y potente como la anterior, la luz de su recuerdo que permanecerá en nosotros con fuerza y gozo.

Reitero mi agradecimiento a todo el servicio de reanimación y sanitarios en general por vuestra labor diaria.

Acabo esta carta reproduciendo las mismas palabras que pronuncié internamente la última vez que te vi con vida. “Padre/Esposo/Yayo descansa en paz”

Atentamente, un familiar.

 

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2 comentarios

  1. Cuerpo de unidad de vida eterna ( quien quiera conservarlo eternamente pongale vih de vida eterna y la verdad hasta suisidense por el cuerpo de unidad y por el vih
    Por el HIJO DIJO QUIEN QUIERA SER MI DISIPULO NIEGESE A SI MISMO CARGE SU CRUZ Y SIGAME ( MATEO 10 ) Y NEGARSE A SI MISMO ES SUISIDARSE

    con el alma o con el cuerpo

    No resurrecion si no traisiona Jesus
    Deben crusificarlo

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