Opinión

Con C de Cuidador

 

Recordáis la película «Arrugas»? ¡Que no la habéis visto! ¿Por qué no? ¿Es que por ser de dibujos animados pensáis que está hecha para niños? ¡Pues no! ¡No es para niños, aunque tampoco está mal que la vean! ¡Vedla, que no os va a pesar!

 

La acción transcurre en una residencia de la tercera edad, como eufemísticamente se nos llama ahora a los ancianos y a los jubilados. Es una maravilla la relación entre los residentes, el ver como varía progresivamente el cariño del personaje con acento criollo (no recuerdo su nombre) por Roquefeler, enfermo de alzhéimer, llegando a convertirse en su cuidador, dándole la comida cuando el pobrecito ya no puede hacerlo él solo. Y es cautivador el AMOR de aquel matrimonio, donde se recuerda toda una vida compartida desde la niñez. ¡Cómo me identifico, y como yo, todos los que hemos sido «rozados por el Dedo de Dios»!

Pero esta película tan enternecedora, que nos llega a hacer llorar, queda empañada por algo que le falta: ¡la familia de «Roquefeler» no le visita; apenas se les ve!

Sí; ya sé que no es necesario en el guión cinematográfico, por otra parte merecedor de todos los premios que ostenta, que a mí me parecen escasos. Pero yo, como familiar cuidador que soy, no puedo menos que echar en falta esa relación. Claro está que muchos familiares viven en poblaciones distantes de su enfermo y no le ven tanto como ellos quieren. ¡Están disculpados, porque sufren aún más que los que tenemos la dicha de poder verles todos los días!

Porque –tengo que decirlo– todos los familiares de enfermos de alzhéimer que conozco, TODOS, han cambiado su pensamiento y su vida para poner en primerísimo lugar, muy destacado, el cuidar a su enfermo, llegando a vivir por y para él. Les han entregado un AMOR muchísimo más intenso que el que antes sintieron. Sólo he conocido un caso de abandono de esta función primordial. Todos los demás —Ambrosio, Pepe, Santiago, José Antonio, Julián, Isidoro, Marciano, Manoli, Azucena, Ana, Leonor, Rosana, Fani, Belén, Dori, Celi, Trini, y una innumerable legión más– son MIS HÉROES.

Sí, amigos. ¡MIS HÉROES! ¡Os admiro y os quiero, como supongo que vosotros me admiráis y me queréis a mí! Porque todos formamos una gran familia, una HERMANDAD DEL TRIPLE AMOR. Por el AMOR a nuestros enfermos. Por el que tiene todo el personal que les cuidan a ellos ¡Y A NOSOTROS! Y por el que se ha creado entre nosotros, los familiares, los cuidadores, los que son los verdaderos «pacientes». Formamos un conjunto muy fuerte, a prueba de todo sufrimiento, que es mucho. Porque no sólo los enfermos de los otros cofrades son suyos; han pasado a ser nuestros también.

En muchos casos parece como si fuésemos un apoyo más fuerte que el que dan los parientes. Digo parece, pero no es así. Cuando llega un momento difícil la familia siempre responde. ¡Es un lazo tan intenso, tan eterno, que borra todos los demás!

Sirvan estas mis emocionadas palabras como homenaje a todos aquellos que han entregado su generosa vida a su gran AMOR. En una palabra: ¡A LOS CUIDADORES!

Por Emiliano Jiménez. 



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2 comentarios

  1. Querido Emiliano y queridos cuidadores.

    Gracias por vuestro esfuerzo, continuo, minuto a minuto y por vuestro amor tiene aromas de infinito.

    Estoy seguro de que recibiréis el CÉNTUPLO.

    Un fuerte abrazo con mi afecto

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