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Absurdos Inocentes

 

Con la Iglesia hemos topado. Clasicazo. Cuando alguna actividad o deseo, se nos pone cuesta arriba por motivos habitantes fuera de nuestro gobierno. Con el paso del tiempo, esta afirmación ha ido distorsionándose hasta tal punto, que el papel que en su momento tendría tonos cardenalicios, puede estar siendo interpretado ahora, por un vecino quisquilloso o un tenaz funcionario armado con un sello de visar visados, por ejemplo. Puede ser cualquiera…

Un elemento que ha evolucionado hasta el sainete, es el pasaje de los Santos Inocentes. En serio. Se nos ha ido de las manos. El 28 de diciembre se conmemora un terrible episodio, sin entrar en lo histórico o parabólico del hecho en sí, del cristianismo. La matanza de todo aquel menor de 2 años nacido en Belén, bajo el mandato del rey Herodes I el Grande (por su culpa, ya nadie se llama así). Un No-sé-quién-es, ergolos-mato-a-todos. ¿Quién no ha hecho algo así alguna vez? Permítaseme la extrema parábola.

Algo más de 2000 años después, además de la honra con la que quien cree, celebra tal efeméride, el día de los Santos Inocentes se ha visto transformado por lo mercantil y lo social en algo más parecido al chiste que al duelo. No hay día como este, como el 28 de diciembre, para entre langostino y polvorón, trabajar el petardo, el polvo pica pica, la fétida, el monigote de papel en la espalda, la cámara oculta o el “que los Santos Inocentes te lo paguen”. El resto del año, en cambio, cuando es más típica la lenteja y la mandarina, también.

– “Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo… Como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir” – dice el replicante Roy Batty a Deckard en Blade Runner. Roy, Roy, Roy…

Yo he visto individuos asegurar que si haces lo que te dicen serás (¿serás? ¿serán? ¿serás?, hmmm…) feliz para siempre jamás. Ever.

Yo he visto humanos correr por la calle para poder ir a esperar a toda prisa.

Yo he visto nacer irreconciliables enemistades por un balón. Entre dos personas que tenían un balón cada una.

Yo he visto defender las naranjas de agosto, las uvas de abril y la sopa fría de foto.

Yo he visto, que con una botella de 850 emeeles de jabón, puedes lavar 10.000 platos. Cálculo rápido. Si generas una media de 20 platos sucios diarios, 500 días la joyita. Si te dura menos no tienes ni idea de lavar, darling. Se demostró notario mediante. Y con público.

Yo he visto chancletas de Gore-Tex®, ese tejido, esa membrana al abrigo del forro de altas prestaciones, esa estructura micro porosa de extraordinarias características que garantiza noquear la humedad alrededor de todo lo que contenga.

Existen chancletas de Gore-Tex®. ¿Qué más nos queda por ver? ¿Qué?

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